La aparición de pelo blanco en el hocico puede coincidir con una nueva etapa de la vida del perro, en la que conviene revisar su alimentación, adaptar el ejercicio y prestar más atención a su salud
El paso del tiempo también deja huella en los peludos. Las canas en el hocico, los cambios en el pelaje o una menor energía pueden ser algunas de las señales que acompañan al envejecimiento, aunque no todos los animales envejecen al mismo ritmo. La raza, el tamaño, la genética y el estado general de salud influyen en cuándo empiezan a manifestarse estos cambios.
La veterinaria Karla Gastélum ha compartido en Instagram tres ajustes que recomienda introducir cuando el perro entra en esta etapa: revisar la cantidad de comida, aumentar la atención veterinaria y adaptar la actividad física. El objetivo no es cambiar de golpe todas sus costumbres, sino adecuarlas a las necesidades que pueden aparecer con la edad.
Por qué las canas pueden ser una señal de envejecimiento
La melanina es el pigmento responsable del color del pelo, tanto en personas como en perros. Con el paso del tiempo, la pigmentación puede disminuir y dejar zonas blancas o grises, especialmente visibles en el hocico de algunos peludos. Sin embargo, las canas no son un indicador exacto de la edad ni significan necesariamente que exista un problema de salud.
Algunos perros pueden desarrollar canas prematuras. La genética y el color del manto influyen en su aparición y, en determinadas circunstancias, también se han estudiado factores como el estrés. Por eso, no conviene interpretar el pelo blanco como una señal de que el animal ha entrado en la vejez.
El envejecimiento sí puede acompañarse de cambios en el peso, la movilidad, los sentidos y el comportamiento. Además, los perros de mayor tamaño suelen tener una esperanza de vida más corta que los pequeños, por lo que la edad a la que necesitan cuidados específicos varía entre animales.
Tres cambios para cuidar a un perro mayorEl primer ajuste que propone Gastélum es revisar la alimentación. Algunos perros mayores reducen su actividad y sus necesidades energéticas, de modo que mantener las mismas raciones puede favorecer el aumento de peso. La veterinaria recomienda pesarlos una vez al mes y consultar si conviene modificar la cantidad de comida o utilizar una dieta formulada para perros sénior.

Eso no significa reducir la comida sin criterio ni eliminar proteína por cuenta propia. Mantener la masa muscular es importante durante el envejecimiento, por lo que cualquier cambio debe adaptarse a las condiciones del animal y contar con orientación veterinaria.
El segundo punto es aumentar la vigilancia de su salud. Gastélum aconseja realizar revisiones cada seis meses, incluso cuando el perro parece encontrarse bien. Los problemas dentales, renales y articulares pueden avanzar antes de que sus síntomas resulten evidentes. En función de la edad y los antecedentes, el veterinario puede recomendar análisis de sangre y orina u otras pruebas para detectar alteraciones cuanto antes.
El tercer cambio consiste en adaptar el ejercicio sin eliminarlo. En lugar de exigir carreras o saltos, pueden resultar más apropiados los paseos moderados y repartidos a lo largo del día. Si le cuesta levantarse, evita las escaleras o empieza a cojear, conviene consultar para descartar problemas articulares.
Pequeños ajustes que mejoran su día a díaLa comodidad del entorno también cuenta. Una cama acolchada, alfombras antideslizantes y unas uñas bien cuidadas pueden ayudar al animal a descansar y caminar con mayor seguridad. Son cambios sencillos que pueden facilitarle las actividades cotidianas cuando pierde fuerza o estabilidad.

La American Veterinary Medical Association recomienda prestar atención a las necesidades cambiantes de las mascotas mayores, mantener controles veterinarios regulares y revisar tanto la alimentación como la actividad física. No existe una única rutina válida para todos los perros, así que las decisiones deben ajustarse a cada caso.