La veterinaria explica qué señales pueden alertar de dolor y por qué observar cambios en su movilidad y comportamiento puede ser clave para actuar a tiempo
El envejecimiento puede provocar cambios en la actividad de los perros, pero atribuir cualquier pérdida de movilidad únicamente a la edad puede hacer que pasen desapercibidos algunos problemas de salud. Las guías de atención geriátrica de la American Animal Hospital Association (AAHA) advierten de que algunos cambios considerados normales en animales mayores pueden estar relacionados en realidad con dolor crónico y merecen una valoración profesional.
La legislación española también establece que los responsables de animales de compañía deben proporcionarles los cuidados sanitarios necesarios y recurrir a un veterinario cuando su estado lo requiera. Tal y como explican, los cambios persistentes en la forma de caminar, levantarse o comportarse no deberían normalizarse simplemente porque el perro haya cumplido años.

La veterinaria Eliane Armas, especializada en el manejo del dolor, explica una situación habitual que suele ver. Un perro que antes seguía el ritmo del paseo comienza a retrasarse y automáticamente lo atribuimos a la vejez. Sin embargo, “no debemos pensar que es simplemente porque se está haciendo mayor”, explica. Para la especialista, ese cambio puede ser una señal de dolor o malestar que conviene investigar.
Armas recuerda que los animales no pueden explicar verbalmente dónde les duele y que muchas de las primeras pistas aparecen en su comportamiento al caminar. Que se quede atrás no es suficiente para diagnosticar una enfermedad, pero sí debería prestarse atención cuando supone un cambio respecto a su actividad habitual.
¿Qué otras señales pueden alertarnos?La veterinaria propone observar cómo se sienta el perro, cómo se levanta y si empieza a evitar movimientos que antes realizaba sin dificultad como sentarse hacia un lado, tener problemas para subir o bajar, modificar su postura o correr moviendo las patas traseras de forma simultánea, el conocido como bunny hop.
La AAHA también considera importante la postura, la marcha y los cambios de conducta a la hora de evaluar el dolor. Un perro puede modificar su manera de apoyar las extremidades o desplazar el peso hacia otras zonas para intentar reducir una molestia.
Uno de los problemas que Armas aborda es la displasia de cadera. El American College of Veterinary Surgeons explica que esta alteración puede provocar inestabilidad articular y favorecer con el tiempo desgaste, artrosis y dolor.

Cuando una articulación duele, el animal puede intentar descargar peso sobre otras extremidades. El American College of Veterinary Surgeons recoge entre los posibles signos de osteoartritis la disminución de actividad, la dificultad para levantarse, la negativa a saltar, la cojera o sentarse apoyándose sobre una cadera.
Por eso, comparar vídeos antiguos y actuales del perro caminando, levantándose o subiendo escaleras puede resultar útil para detectar cambios y enseñárselos posteriormente al veterinario.
No todo es “cosa de la edad”La World Small Animal Veterinary Association explica que el reconocimiento y tratamiento del dolor es esencial entre los elementos fundamentales del bienestar animal. Si un perro comienza a quedarse atrás, al pasear evita movimientos habituales o cambia de comportamiento, es recomendable observar esos cambios y consultar con un veterinario en lugar de asumir que simplemente está envejeciendo.