El viernes entra en vigor el artículo 13 bis de la Ley 4/2026 que restringe el ingreso psiquiátrico involuntario a situaciones de "urgencia vital". Sobre la cuestión se ha pronunciado la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM). Considera que "sin criterios claros y sin recursos alternativos, esta ley dejará solos a muchos pacientes y a sus familias". Este miércoles, es Ana (62 años, sin apellido para preservar la confidencialidad de su familia), madre y cuidadora única de un chico de 31 años que lleva 11 con esquizofrenia paranoide no controlada, quien confiesa a EL PERIÓDICO: "Cada vez que ingreso a mi hijo es un trauma pero no tengo otra salida". Seguir leyendo....
El viernes entra en vigor el artículo 13 bis de la Ley 4/2026 que restringe el ingreso psiquiátrico involuntario a situaciones de "urgencia vital". Sobre la cuestión se ha pronunciado la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM). Considera que "sin criterios claros y sin recursos alternativos, esta ley dejará solos a muchos pacientes y a sus familias". Este miércoles, es Ana (62 años, sin apellido para preservar la confidencialidad de su familia), madre y cuidadora única de un chico de 31 años que lleva 11 con esquizofrenia paranoide no controlada, quien confiesa a EL PERIÓDICO: "Cada vez que ingreso a mi hijo es un trauma pero no tengo otra salida".
"Quiero confesar que en estos años habría cometido 13 delitos contra la libertad y la dignidad de mi hijo (en alusión a los respectivos ingresos), según dicha norma". Así arranca una carta abierta a la que ha tenido acceso este diario en la que Ana se dirige a distintas instituciones. Advierte que la misiva es una reflexión "en contra de la aplicación de una norma europea, que no puedo entrar a valorar, ya que reconozco no conocer en profundidad, pero sí conozco al menos una de sus consecuencias: en nombre de la libertad y la dignidad de mi hijo le están quitando la única medida que, hoy por hoy, le permite seguir adelante".
"Mi hijo, cuando tiene un brote, no reconoce que está enfermo. Vive atrapado en un mundo paralelo donde todo lo que imagina es real"
En la práctica significa, la nueva norma significa que solo se podrá ingresar a un paciente contra su voluntad cuando su vida corra peligro inminente. "Quiero que se entienda bien lo que supone. Mi hijo, cuando tiene un brote, no reconoce que está enfermo. Vive atrapado en un mundo paralelo donde todo lo que imagina es real. No solo descuida su comida, su higiene o su sueño, sino que consume cannabis sin que podamos evitarlo, y eso empeora cada día su situación y su 'realidad'", señala Ana.
Asegura que el joven "no es capaz de tomar decisiones sobre su propia salud, porque la enfermedad le ha arrebatado precisamente esa capacidad. Cree que le persiguen, incluso que le quieren matar, sufre enormemente, se vuelve verbalmente violento y destructivo. No sé si es peligroso para los demás, seguramente no, pero lo es para sí mismo, sin necesidad de que corra peligro su vida….o quizá si", relata la madre.
13 brotes psicóticosAna explica que, en estos 11 años, su hijo ha sufrido 13 brotes psicóticos, que han requerido otros tantos ingresos, la mayoría involuntarios: "Cada ingreso ha supuesto un reconocimiento por su parte al recibir el alta de la necesidad del mismo, porque le permite mejorar y, aunque no curarse, al menos volver a empezar con una situación mejor que a su ingreso".
"A mí me gustaría no tener que ingresar nunca a mi hijo. Nunca. Es un trauma cada vez que lo hago. Sigo luchando por su independencia. No he renunciado a eso, a pesar de que pasan los años y veo que es cíclico. La única alternativa que tengo es que ingrese y que, durante ese ingreso, esté con la medicación y vaya mejorando para que vuelva a salir un poco mejor y así, sucesivamente", admite.
En España, dice Ana, "hay unos comités de ética que, por ejemplo, velan porque el trasplante de donante vivo no sea hecho en base a intereses. A mí me encantaría tener un comité de ética que evaluara mi comportamiento con mi hijo porque también tengo dudas de si lo estoy haciendo bien. Me habría ayudado muchísimo, la primera vez que lo ingresé, que alguien me dijera: 'Vayamos a evaluarlo'".
Espacio digno y seguroPero, apunta, la dignidad de su hijo "no pasa por desentenderse de él cuando más nos necesita. Su dignidad pasa por poder ingresarle en un espacio digno y seguro, donde reciba su tratamiento, sus terapias, y pueda llevar una vida lo más normalizada posible, que le permita retomar el camino hacia la recuperación".
"Lo que sí va contra su dignidad, es cómo y dónde se le ingresa, muchas veces en unidades en sótanos, sin luz, sin apenas actividad, sin poder salir, sin estímulos, sin vida. Eso no es cuidar, eso es contener, que no es lo mismo", añade.
Es ahí donde la madre pone el foco en los recursos: "Entiendo que el legislador quiera acabar con esas situaciones. Yo también. Pero eso se consigue mejorando las condiciones, dotando de recursos, cambiando los paradigmas asistenciales, y desarrollando protocolos, incluso, para una mayor garantía, creando comités de ética que garanticen que en todo momento prevalece la dignidad y la salud del paciente", reconoce.
Hospitalización a domicilio"La propia ley presupone la existencia de equipos de tratamiento asertivo comunitario, hospitalización a domicilio y centros de crisis que, sencillamente, hoy no existen en número suficiente, y, al menos en el caso de mi hijo, cuando tiene un brote no son ninguna solución. Nada me gustaría más que la psiquiatría contase con recursos para acompañar a un paciente en pleno brote sin necesidad de ingresarlo", se queja.
Ana concluye demandando un protocolo de ingresos involuntarios, "precisamente para evitar que la dignidad de personas como mi hijo se viese afectada por los terribles episodios que hemos tenido que vivir en numerosas ocasiones por la falta de coordinación entre los diferentes servicios. Ahora me encuentro con que, no solo no habrá tal protocolo, sino que directamente para 'evitar atentar contra su dignidad', lo dejamos en la calle", zanja.
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