Después de dos años sin escuchar el ruido de las máquinas ni ver correr el aceite, la almazara municipal de Santa Lucía de Tirajana volverá a ponerse en marcha este lunes 26 de octubre. La instalación, ubicada en el Ingenio de Santa Lucía, recupera su actividad tras un largo parón provocado por la escasez de aceituna en las últimas campañas. Este año, sin embargo, las lluvias del invierno han favorecido a los olivares y permiten mirar con optimismo una cosecha que devuelve a los agricultores la posibilidad de transformar sus frutos en aceite de oliva.
Después de dos años sin escuchar el ruido de las máquinas ni ver correr el aceite, la almazara municipal de Santa Lucía de Tirajana volverá a ponerse en marcha este lunes 26 de octubre. La instalación, ubicada en el Ingenio de Santa Lucía, recupera su actividad tras un largo parón provocado por la escasez de aceituna en las últimas campañas. Este año, sin embargo, las lluvias del invierno han favorecido a los olivares y permiten mirar con optimismo una cosecha que devuelve a los agricultores la posibilidad de transformar sus frutos en aceite de oliva.
La primera molienda reunirá previsiblemente a once agricultores y unos 2.000 kilos de aceituna, una cantidad todavía modesta respecto a lo que se espera durante las próximas semanas. La variedad verdial, la más característica de esta zona de Gran Canaria, aún no ha alcanzado el punto adecuado de maduración, por lo que las primeras entregas corresponderán a otras variedades más tempranas. El regreso de la actividad supone también recuperar un servicio municipal que permite aprovechar la producción de pequeñas fincas de Santa Lucía y de otros puntos de la cuenca de Tirajana, incluida la zona de Tunte, en San Bartolomé de Tirajana.
La reapertura de la almazara supone también un impulso para una tradición agrícola profundamente arraigada en Santa Lucía de Tirajana, donde el cultivo del olivo ha marcado durante generaciones la vida de sus agricultores y el paisaje del municipio. «Cuando piensas en aceituna, te vas directamente a Temisas y a Santa Lucía. Cuando piensas en aceite, te viene a la mente el aceite de Santa Lucía», explica Tanaira Rodríguez, técnica responsable de la almazara municipal. Para ella, la importancia del cultivo va mucho más allá de su aprovechamiento alimentario. «El olivo no solo es un fruto que nos vaya a dar aceituna o aceite, sino que también forma parte de la cultura y del paisaje», señala.

Tanaira Rodríguez, técnica de la almazara municipal de Santa Lucía de Tirajana. / LP/DLP
Las lluvias del invierno devuelven la esperanza a los santaluceños
Los últimos años han sido especialmente complicados para los productores. La falta de precipitaciones afectó a numerosos olivares tradicionales y redujo considerablemente la cosecha. Una situación que no solo repercutió en la elaboración de aceite, sino que terminó paralizando la actividad de la almazara municipal ante la ausencia de materia prima suficiente.
Las perspectivas para esta campaña son distintas. «Yo creo que este año Gran Canaria se va a recuperar y va a tener una producción bastante destacada, porque con el invierno que tuvimos los olivos están cargadísimos», asegura Rodríguez. La técnica recuerda que la isla cuenta con una importante superficie dedicada al olivo, ejemplares antiguos y una variedad tradicional, la verdial, especialmente ligada a esta zona.
La recuperación de la cosecha también ofrece un incentivo para seguir trabajando unas tierras cuyo mantenimiento resulta fundamental para conservar el paisaje agrícola. «Ayuda también a que la gente siga manteniendo el territorio, mantenga los olivos y se cuide un paisaje que es único», destaca.
El proceso de molienda debe ser organizado y respetando los controles de seguridad correspondientes
Con la reapertura, la almazara ofrecerá a los agricultores la posibilidad de transformar sus aceitunas en aceite bajo un sistema de recepción organizado para preservar la calidad del producto. Esta campaña no se establece una cantidad mínima ni máxima de entrega, aunque será necesario comunicar previamente los kilos previstos y recibir la correspondiente confirmación.
La intención es que toda la aceituna que entre en las instalaciones pueda molerse durante la misma jornada, evitando que permanezca almacenada y pierda propiedades. «Vamos a intentar que toda la aceituna se muela en el día para garantizar la mejor calidad para el aceite», explica la técnica.

Cosecha de aceitunas de un agricultor santaluceño. / LP/DLP
El proceso comienza mucho antes de que los frutos lleguen a la almazara. Los productores deben presentar su cuaderno de campo, un documento obligatorio en el que figuran los tratamientos realizados a los olivos. Tanaira Rodríguez comprueba que los productos utilizados estén autorizados y que se hayan respetado los plazos de seguridad establecidos. Después, la aceituna pasa por los correspondientes controles de recepción, pesaje y elaboración, manteniendo la identificación de cada partida para garantizar su trazabilidad.
Para esta primera molienda se calcula un rendimiento aproximado del 14%, que podría traducirse en unos 300 o 350 litros de aceite, aunque la cantidad definitiva dependerá del estado y las características del fruto. En el caso de los pequeños productores de la cuenca de Tirajana que entreguen menos de 500 kilos, la almazara no retendrá ningún porcentaje del aceite obtenido, de acuerdo con las normas municipales de esta campaña.
"El olivo me atrapó, me enganchó y ahora es una enfermedad esto del aceite"Tanaira Rodríguez
— Técnica de la almazara municipal de Santa Lucía de Tirajana.
Tanaira Rodríguez lleva unos doce años vinculada a la elaboración de aceite, un oficio al que llegó casi por casualidad después de trabajar en el sector vitivinícola. Comenzó en una cooperativa de Tenerife que buscaba una persona especializada en el cultivo del olivo y terminó descubriendo una profesión que la ha llevado a recorrer distintas islas durante las campañas de molienda.
«El olivo me atrapó, me enganchó y ahora es una enfermedad esto del aceite», cuenta entre risas. Lo que más disfruta de su trabajo es conocer a los agricultores, comprobar cómo se comportan los árboles en distintos territorios y observar la satisfacción de quienes consiguen transformar su cosecha en aceite.
Su vinculación con Santa Lucía comenzó a través de la formación, cuando acudió a impartir cursos de poda de olivos. A partir de ahí surgió la colaboración con la almazara municipal, donde ahora asesora a los productores y supervisa el proceso de elaboración.
Para Rodríguez, cada comienzo de campaña conserva una emoción particular. Después de preparar las instalaciones y comprobar la maquinaria, siempre llega ese instante en el que aparece el primer aceite. «Estás ahí como medio nerviosa hasta que salga la primera gotita de aceite y esa emoción es la que más me gusta», reconoce. Este lunes volverá a vivirlo en el municipio, después de años en los que la falta de cosecha había impedido retomar la actividad. «Estamos aquí preparados, esperándolos con los brazos abiertos para moler su aceituna y sacar el mejor aceite», concluye.
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