Vicedecano de IE Business School en Madrid y vicepresidente del Centro de Salud y Bienestar de IE University, Suárez acaba de publicar ‘Más allá de los 50’
Hace no tanto, apenas una o dos décadas atrás, una persona normal y corriente cumplía los 50 años en un mundo bastante estable, que conocía bien, y con un trabajo en la mayoría de los casos consolidado, en el que con toda probabilidad se jubilaría dos o tres lustros después. Hoy, en cambio, la gran mayoría de las personas llegan a los 50 en un mundo que cambia a cada minuto, que impone un ritmo vertiginoso de obsolescencia, con una sensación permanente de provisionalidad laboral y con el miedo en el cuerpo ante la amenaza recurrente del fin de las pensiones.
A muchos, para qué negarlo, les gustaría tener hoy las certezas que regían las vidas de sus padres hace no tanto. David M. Suárez (Madrid, 1968), vicedecano de IE Business School en Madrid y vicepresidente del Centro de Salud y Bienestar de IE University, en cambio, ve en este contexto de obsolescencia y provisionalidad una oportunidad para reinventarse a partir de los 50 años. El también coach ejecutivo defiende su visión en las páginas Más allá de los 50 (LID, 2026), un libro en el que combina su experiencia personal con rigor científico para demostrar que, a partir de esa cifra simbólica, aún quedan varias décadas productivas y estimulantes por delante para aprender y redescubrirse. “Creo, sinceramente, que hay muchas oportunidades para aquellas personas curiosas, que no aceptan un no por respuesta y que no están dispuestas a aceptar los prejuicios de la sociedad”, afirma.
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Necesito que me convenza de esto, porque yo soy de los que añoro las certezas que tuvieron mis padres.
Pues mira, yo tengo 58 años ahora mismo. Muchas veces a las personas mayores de 50 años se nos da un poco por amortizadas desde un punto de vista profesional y nosotros mismos muchas veces nos boicoteamos también diciéndonos que somos demasiado mayores para aprender. Pero si lo piensas, una persona de 50 años tiene décadas de experiencia y un conocimiento tácito. Y ahora que se habla tanto de la inteligencia artificial, ese conocimiento tácito es algo en el que los modelos de IA no están entrenados y que, por tanto, aún se puede monetizar. Además, a los 50 solemos tener también mayor independencia económica; los hijos se empiezan a independizar, tenemos una red profesional de contactos enorme… Todo eso, a mí, por ejemplo, me abre un montón de posibilidades de nuevos trabajos, para buscarme la vida de otra manera.
Mi duda es: si ya es complicado, para muchas y muchos, encontrar trabajo a los 50, porque es difícil competir (en capacidades y salarios) con chavales de 20, ¿es factible para la gran mayoría de la población pensar en encontrar trabajos con 70 o 75 años?
Los modelos tradicionales de trabajo están cambiando y lo están haciendo muy rápido. Antes, uno trabajaba en una empresa durante 40 años y luego entraba en su jubilación. Eso ya apenas existe. En ese contexto, igual no hay que plantearse si podemos seguir haciendo lo mismo que hemos estado haciendo los últimos 30 años, porque la respuesta probablemente es que no. El mundo está cambiando muy rápido, se están reemplazando seres humanos por máquinas y, al final, no podemos pretender vivir en nuestro presente con las condiciones del pasado. Pero es curioso, porque un estudio realizado dos años después del desarrollo de ChatGPT que examinó cómo habían evolucionado las nuevas nóminas en Estados Unidos encontró que las personas que tenían menos de 25 años habían visto bajar sus nóminas en un 6%, mientras que las nóminas de las personas con más experiencia se habían incrementado. Esto para mí demuestra que cada vez se va a valorar más la experiencia de esas personas que saben mantenerse activas.
Usted defiende que la versión tradicional de jubilación va a desaparecer, que es cuestión de tiempo. La larga sombra oscura que se cierne sobre las pensiones, ¿nos va a obligar a todos a reinventarnos para seguir trabajando?
Nuestro sistema de pensiones es piramidal y cualquier sistema piramidal se sostiene porque la base de la pirámide es más grande que la cima. Lamentablemente, por temas demográficos, ese no es el caso de España, así que a cualquiera que piense que va a poder vivir de su pensión, lamento decirle que es algo improbable. Porque antes, además, se estimaba que una persona iba a estar jubilada 7, 10 o 12 años antes de pasar a mejor vida, pero los estudios de longevidad indican, y esa es la tesis fundamental del libro, que vamos a vivir entre 20 y 30 años más de vida sana, así que tendremos que cambiar nuestra manera de pensar para adaptarnos a esta nueva realidad.
Su hoja de ruta para sacar el máximo partido a la vida a partir de los 50 parte del cerebro.
Yo hace unos seis años tuve una gran epifanía y entonces empecé a repensarme y a leer. Una de las cosas sobre las que leí mucho fue sobre el cerebro humano y sobre la capacidad que tiene este para reinventarse: la neuroplasticidad. Son cosas que hace veinte años no sabíamos; pensábamos que el cerebro era una cosa fija, que se modelaba en la infancia y luego ya era como imposible cambiarlo. Todo lo que se ha descubierto en los últimos 20 años demuestra justo lo contrario. Y en el libro, de hecho, narro varias historias que ponen los pelos de punta de gente que ha cambiado su manera de ser de una manera radical, que ha vuelto a rehacer conexiones neuronales y que, de alguna manera, ha renacido. Y eso está al alcance de todos.
David M. Suárez
Esa hoja de ruta tiene nombre y apellidos: Booster10r. Esa metodología se divide en 10 acciones, que se agrupan a su vez en tres categorías. La primera de ellas es rediseñar el futuro laboral, esa reinvención de la que hablamos. ¿Todas las personas deberían, llegadas a una edad determinada, pongamos los 50, rediseñar su futuro? ¿Incluso si están contentas con su presente y prevén poder alargar esa situación hacia el futuro?
Yo creo que no necesariamente, pero a la vez también creo que cualquiera que aprenda a vivir en un mundo cambiante va a tener mejores posibilidades no solo de sobrevivir, sino de florecer, digamos, en el futuro. Pero bueno, siempre trato de evitar el extremo: si alguien está contento con lo que tiene, fantástico, pero siempre con ojo, porque en un mundo tan cambiante como en el que vivimos es muy peligroso pensar que el futuro va a ser una extrapolación del presente.
La segunda categoría de acciones, bajo el título Vive más y mejor, está muy enfocada en hábitos de vida: alimentación, ejercicio físico y sueño. Siempre es importante el estilo de vida, ¿pero a partir de los 50 adquiere más importancia, si cabe?
Sí, todo adquiere más importancia. Cuando llegamos a los 50 y, sobre todo, a los 60, se empieza a producir un declive físico importante. Al cuerpo, por ejemplo, le cuesta más sanar, se incrementa el riesgo de diabetes, de enfermedad cardiovascular, de declive cognitivo… Y el problema es que la pendiente de esa curva de declive es cada vez más pronunciada, con lo cual hay que ser mucho más explícito a la hora de prevenir.
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Estos cambios en la alimentación, el descanso o nuestra rutina de ejercicio, ¿también nos pueden ayudar de alguna forma a rediseñar nuestro futuro?
Qué duda cabe, ¿no? Al final, es muy difícil hacer las cosas si uno no está sano. Montar una empresa, emprender, implica un estrés bestial, y entonces necesitas protocolos de autorregulación emocional, necesitas una buena alimentación que te permita eliminar toxinas para que tu cerebro funcione bien, necesitas hacer ejercicio para liberar tensiones… Al final, todo está interconectado.
La tercera categoría, Conecta y transforma, deja espacio para la reflexión y las conexiones sociales. Vivimos en un mundo cada vez más vertiginoso y exigente, que apenas nos deja tiempo para nada, mucho menos para la reflexión y la conexión, pero, ¿se puede uno reinventar sin reflexión?
Es muy complicado. Yo reivindico el slow movement, que habla precisamente de tomarse la vida con un poquito más de calma, de pararse a oler las flores, de disfrutar del momento. A mí me parece fundamental. Cuando yo hablo, por ejemplo, de encontrar tu razón de ser o de volver a encontrarla, me parece casi imposible responder a esa pregunta sin reflexionar, sin pararnos, sin bajarnos de lo que yo llamo la rueda del hámster en la que muchos andamos subidos y de la que tanto cuesta bajarse.
Entiendo que aquí adquieren mucha importancia también las conexiones sociales.
Desde luego. Somos seres sociales, somos seres relacionales. Sabemos, por ejemplo, que las relaciones reducen la probabilidad de tener demencia en el futuro. En el libro también hablo de las zonas azules. Una de las cosas que caracterizan a estas regiones y a sus centenarios es la conexión social. Tienen conexiones sociales muy fuertes a nivel familiar, en cuanto a amigos. Son personas que se mantienen muy activas socialmente. Es una clave.
BOOSTE10R es un acrónimo de Base, Objetivos, Opciones, Soluciones, Trampas, Ejecución y las 10R o diez dimensiones de la transformación. No quiero acabar esta entrevista sin hacer hincapié en la letra “T”. ¿Cuáles son las trampas más habituales en las que puede caer la gente en este camino de reinvención?
Diría que una de las trampas más habituales es pensar que vas a poder cambiar aplicando a tu futuro los parámetros antiguos que definían cómo te movías. En todo caso, el mejor antídoto para todas las trampas con las que podemos toparnos pasa por no tener miedo al fracaso, porque el fracaso va a estar ahí, por no tener miedo al miedo, porque el miedo siempre nos va a acompañar; y por encontrar una manera de aprender de los errores y de todas nuestras experiencias. Entre las diez dimensiones de la transformación, yo hablo precisamente de reaprender, y eso incluye olvidarte de lo que habías aprendido para volver a aprender. Y ahí la inteligencia artificial me parece una aliada espectacular si la sabemos utilizar bien, porque nos puede ayudar a aprender más rápido y mejor.