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Amanecer del mundo

Дата публикации: 04-10-2026 04:01:45

Inédita hasta ahora, la clara versión de la ‘Odisea’ de la humanista cubana Laura Mestre Hevia, su primera traductora al español, ve la luz en un volumen editado por Elina Miranda Cancela


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La ficha

Odisea. Homero. Versión del griego por Laura Mestre Hevia. Edición al cuidado de Elina Miranda Cancela. Amor Vincit & Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba. Bogotá - La Habana, 2026. 500 páginas.

Tuvimos la primera noticia de Laura Mestre Hevia (La Habana, 1867-1944) y de sus traducciones de los poemas homéricos a través del helenista Rodrigo Verano, profesor de Filología Clásica en la Universidad Complutense de Madrid, unas semanas antes de que irrumpiera la pandemia, y ya entonces pudimos leer tanto las muestras disponibles en internet como la semblanza donde Elina Miranda Cancela, también filóloga cubana y especialista en la figura y la obra de su predecesora, revisó la admirable trayectoria de “una humanista casi desconocida”. Ella misma nos contó del proyecto de edición de esas versiones íntegras, que fueron y son las primeras de una traductora al español y no habían llegado a publicarse en su día, pero no habíamos vuelto a saber de ellas hasta que Fernando Iwasaki, haciendo gala de su generosidad acostumbrada, nos trajo el cuidado volumen púrpura que recoge la de la Odisea, recién aparecido gracias a la coedición del sello colombiano Amor Vincit y el Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba.

Estudiosa autodidacta, tanto del latín y el griego como de lenguas modernas, el francés, el inglés y el italiano, Laura Mestre Hevia se crio en una familia ilustrada e igualitaria y fue también, de acuerdo con el itinerario reconstruido por Elina Miranda, una defensora de la independencia de la mujer, que llevó a cabo su trabajo en solitario después de haber sido injustamente relegada en la oposición a una plaza de directora de colegio. La editora suma su nombre a los del novelista Ramón Meza y el poeta José Martí, los dos autores cubanos que ahondaron en la épica homérica en la segunda mitad del XIX. Por entonces, las dos versiones más reputadas eran la Ilíada (1831) de Gómez Hermosilla y la Odisea (1886) de Baráibar y Zumárraga, luego desplazadas por las de Segalá y Estalella. Estas versiones de Segalá, publicadas en 1908 y 1910, comparten con las casi coetáneas de Mestre Hevia –datables a finales de los años treinta o principios de los cuarenta, aunque los indicios permiten suponer que se remontan a la primera década del siglo– el recurso a la prosa en lugar del verso, en la estela de las traducciones francesas del poeta parnasiano Leconte de Lisle. Y también la decisión, luego rectificada por el catalán, de usar los teónimos latinos, Júpiter en lugar de Zeus, etcétera. El avance publicado por Mestre Hevia en 1912 fue elogiado por Segalá y consta que ella, aunque buscara otro tono, conocía asimismo su trabajo.

Mestre usa una lengua natural, que un siglo después sigue sonando igual de fresca

Para Mestre Hevia, como afirma en el mínimo prefacio, la Odisea es “la más hermosa lección de arte que ofrece la literatura clásica”, traspasada por el “encanto del espíritu jonio”, pero a la hora de traducir el poema tuvo muy presente no sólo la exactitud, frente a las expansiones verbales, sino también la conveniencia de acercarlo a los lectores contemporáneos, recreando lo que en otro lugar llama su “carácter ingenuo y espontáneo”. Con razón destaca Elina Miranda el hecho de que la traductora fue, sobre su condición de helenista, una humanista en sentido estricto, abonada al ideal de una formación espiritual –muy a la alemana– que en sus palabras se opondría a la “cosmogonía hebraica”. De acuerdo con esta visión, y pensando sobre todo en los jóvenes, la literatura griega sería transmisora de valores y cualidades morales, con el buen padre Homero –aunque a veces se duerma– como fuente y monumento de alta pedagogía.

Usando una expresión conservada en las disertaciones manuscritas de Mestre Hevia, la editora titula su texto introductorio de modo metafórico pero muy preciso: La fragancia del amanecer del mundo, incidiendo en el carácter inaugural del poema que no por ser posterior a la Ilíada –y más sofisticado en cuanto a composición y estructura– resulta menos fundante, ligado al momento que la traductora llamó también “primavera del universo”. Aunque traducir del griego al castellano sea, según su propia imagen, “copiar en yeso una obra de mármol”, su esfuerzo por expresarse con claridad, sin excesivos adornos ni circunloquios innecesarios, dio como resultado una lengua natural, nada arcaizante, que un siglo después sigue sonando igual de fresca.

Humanistas americanas

Esta Odisea ve la luz en una colección titulada Atenea Mestiza, que se inició con las Apologías de Sócrates de Jenofonte y Platón y continuará con la Ilíada, ambos en la versión de la misma Mestre Hevia. Declaran las editoras su intención de “publicar las obras realizadas por mujeres de América Latina sobre la recepción de los clásicos griegos y romanos en nuestro continente”, empezando por la traductora cubana que hizo también versiones de epinicios de Píndaro, poemas de Safo, anacreónticas y cantos populares de la Grecia moderna, para acompañar a los ensayos incluidos en el único de sus libros –Estudios griegos (1929)– publicado en vida junto a Literatura moderna (1930). Antes que Mestre Hevia, sólo la francesa Anne Dacier, que tradujo entre otras obras griegas y latinas los dos poemas de Homero en las primeras décadas del siglo XVIII, llevó a cabo una hazaña semejante. La propia Elina Miranda hereda y encarna un linaje de estudiosas que en América podría remontarse a dos grandes precursoras: la novohispana sor Juana Inés de la Cruz, cumbre del Barroco, y Clarinda, seudónimo de una poeta anónima que vivió en el virreinato del Perú en el mismo siglo XVII. Más cerca de nuestro tiempo, cabría citar a la argentina María Rosa Lida, traductora de Heródoto, o la cubana Vicentina Antuña, maestra de Miranda y primera directora de la antigua Escuela de Letras de la Universidad de La Habana.

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