Se recomienda extremar la precaución dentro y fuera de casa y actuar con rapidez ante la sospecha de una posible intoxicación
Casi siete millones de perros y 4,94 millones de gatos viven actualmente en España, según el último Estudio de Censos elaborado por ANFAAC y Veterindustria. Con la llegada del otoño, algunos alimentos habituales, productos domésticos e incluso elementos que aparecen durante los paseos pueden convertirse en un peligro para estos animales.
Chocolate, uvas, xilitol, setas silvestres, restos de comida en descomposición o incluso el agua utilizada para fregar forman parte de una lista que va mucho más allá de aquello que ponemos en el plato. Renee Schmid, toxicóloga veterinaria del Centro de Ayuda para Envenenamiento de Mascotas, insiste en la importancia de conocer estos riesgos y actuar con rapidez si se sospecha de una posible intoxicación.

Algunos de los peligros están en la propia cocina. El chocolate puede provocar en las mascotas efectos que van desde agitación y taquicardia hasta temblores y convulsiones. Por ello, conviene mantener tabletas, bombones y otros dulces en lugares a los que perros y gatos no puedan acceder.
También hay que prestar atención al xilitol, un edulcorante que puede encontrarse en chicles, caramelos, productos horneados o algunas mantequillas de cacahuete. En los perros puede provocar rápidamente una bajada peligrosa de glucosa y, en los casos más graves, insuficiencia hepática. Vómitos, debilidad, temblores o colapso son algunos de los posibles síntomas.
Las uvas y las pasas tampoco deberían quedar a su alcance. Schmid advierte de que “incluso pequeñas cantidades pueden causar daño renal en algunos perros”. El peligro puede pasar desapercibido si alguna cae al suelo mientras se cocina o se come.
Los riesgos también están en la calleEl otoño cambia también lo que perros y gatos pueden encontrarse fuera de casa. Los días lluviosos favorecen la aparición de setas y algunas especies pueden resultar tóxicas. Ante una seta silvestre desconocida, la recomendación es impedir que la mascota la ingiera. Dependiendo de la especie, una intoxicación puede provocar desde vómitos y diarrea hasta daños renales o hepáticos.

Algo parecido ocurre con el compost y los restos de alimentos en descomposición. El moho puede contener determinadas micotoxinas capaces de provocar temblores, aumento de la temperatura corporal y convulsiones. Por ello, los contenedores de compost deberían permanecer cerrados y durante los paseos conviene evitar que los perros rebusquen entre materia en descomposición.
Un simple cubo de fregona también puede ser peligrosoDentro de casa tampoco hace falta que el animal se beba directamente un producto de limpieza para que exista riesgo. Algo tan cotidiano como lamer el agua del cubo de la fregona puede exponerlo a sustancias perjudiciales. Entre los posibles síntomas aparecen una salivación excesiva, vómitos o lesiones en la boca. Especial precaución requiere también el anticongelante. Un pequeño derrame puede resultar peligroso si la mascota lo ingiere y llegar a provocar una insuficiencia renal potencialmente mortal.
Ante una posible intoxicación, los veterinarios aconsejan no esperar a que aparezcan los primeros síntomas. Schmid recuerda que retrasar la atención puede empeorar el pronóstico y hacer necesario un tratamiento más complejo. Si existe la sospecha de que el animal ha ingerido alguna sustancia potencialmente tóxica, actuar con rapidez y contactar con un profesional veterinario puede resultar determinante.