Encontrarse una garrapata en un perro que está desparasitado no significa que el tratamiento haya fallado, ya que algunos productos actúan después de que el parásito haya entrado en contacto con el animal
Las garrapatas forman parte de los parásitos externos a los que un perro puede estar expuesto durante sus paseos y actividades al aire libre. El riesgo no es el mismo para todos los animales: no tiene las mismas posibilidades de encontrarse con ellas un perro que vive en una ciudad y pasea principalmente por zonas asfaltadas que otro que frecuenta el campo, zonas rurales o espacios con una elevada presencia de parásitos.
Por eso, elegir un antiparasitario no debería consistir simplemente en repetir siempre la misma pauta. La edad, el peso, el entorno, los hábitos y el contacto con otros animales son algunos de los factores que pueden influir en las necesidades de cada perro.
La pastilla no crea una barrera alrededor del perro
El veterinario Israel Pérez ha explicado en un vídeo publicado en Instagram una confusión bastante habitual; tomar una pastilla antiparasitaria no significa que una garrapata no pueda llegar a engancharse al animal.
“Una pastilla antiparasitaria no crea una barrera invisible alrededor de tu perro”, señala el veterinario. Esto explica por qué puede encontrarse una garrapata adherida incluso cuando el peludo está correctamente tratado.
Muchos antiparasitarios administrados por vía oral funcionan de manera sistémica. Es decir, el principio activo está presente en el organismo del perro y, para que pueda actuar sobre determinados parásitos, estos tienen que entrar en contacto con el animal y comenzar a alimentarse. Al exponerse al principio activo, el parásito muere. La diferencia es importante: matar al parásito no es lo mismo que impedir que llegue a picar.
No todos los antiparasitarios funcionan igualExisten también productos que pueden incorporar un efecto repelente. Determinados collares y pipetas están formulados para reducir la posibilidad de que algunos parásitos lleguen a picar al peludo, aunque tampoco deben entenderse como una barrera perfecta frente a cualquier garrapata.

La eficacia depende del producto utilizado, del parásito frente al que está diseñado y de que se aplique correctamente. Por eso, Pérez insiste en que no existe un único antiparasitario que sirva por igual para todos los perros.
La elección debe tener en cuenta también el estilo de vida. Un animal que pasa mucho tiempo en el exterior, visita zonas rurales, sale al campo o tiene contacto habitual con otros animales puede estar expuesto a unos parásitos diferentes de los que afectan a un perro con una rutina principalmente urbana.
La alimentación y determinados comportamientos también pueden modificar el riesgo. Un perro que tiene acceso a carne cruda o que presenta conductas relacionadas con la caza puede estar más expuesto a determinados parásitos internos. Asimismo, la edad es otro elemento relevante, especialmente durante las primeras etapas de vida.
Ver una garrapata no significa que el tratamiento sea inútilDurante años se ha extendido la idea de que todos los perros deben seguir exactamente la misma pauta de desparasitación, pero Pérez también ha defendido que la frecuencia debe adaptarse al riesgo de cada animal.

Además, la prevención no depende exclusivamente de los medicamentos. Revisar al perro después de determinados paseos, mantener una buena higiene y evitar que ingiera restos de animales son medidas que pueden complementar el control de los parásitos.
Por tanto, encontrar una garrapata después de administrar un antiparasitario no demuestra por sí solo que el producto haya dejado de funcionar. La clave está en conocer qué tipo de protección ofrece y si se corresponde con las necesidades concretas del animal.