La comunicadora asturiana, que regresa a la actualidad en directo como uno de los rostros de La Séptima, hace balance sobre los retos superados y brinda por “una sociedad emocionalmente sostenible”
El inminente inicio de emisiones de La Séptima cumplirá uno de los retos que Luján Argüelles (Salas, 1977) todavía tenía pendientes de descorchar. “Siempre he comentado que en televisión quería hacer lo que había hecho en radio: actualidad en directo”, confiesa la comunicadora asturiana sobre su gran salto de la temporada. Nacida en un entorno de sabores rotundos y recuerdos que hoy le saben “a escalofrío, en el buen sentido y también en el malo” por aquellos primeros pasos en Radio Vetusta, la presentadora regresa a las mañanas del fin de semana con la misma energía desbordante que ha marcado su trayectoria. Con un poso incalculable tras liderar formatos tan icónicos como ¿Quién quiere casarse con mi hijo? —su escuela para gestionar a personajes “muy pintorescos, variopintos y distintos”—, Argüelles afronta este nuevo desafío con la madurez de quien ha aprendido a amigar con la inseguridad y a relativizar los tiempos: “A veces la vida sabe los tiempos, no tú”.
Consciente de las máscaras que, a su juicio, predominan en el panorama actual, la asturiana defiende la autenticidad como bandera, admitiendo entre risas que es “muy mala cocinera”, pero que a sus invitados siempre les ofrece “ir con todo” en su hogar. Entre recuerdos de su hija, reivindicaciones sobre una política más constructiva de cara a las nuevas generaciones y el deseo jocoso de dar con “ese novio que no acabo de encontrar”, la comunicadora se define como un espíritu espumoso.
Por su inagotable frescura, su capacidad de ironizar frente al ruido y esa necesidad de construir el futuro “más habitable” que defiende, brinda en La Vanguardia para hablar de la vuelta a los inicios, de los desafíos a los que enfrentan los jóvenes y de la urgencia de alzar la copa por una sociedad sostenible.
Si te pido que me lleves a cenar a un sitio que defina tu momento vital, ¿adónde nos vamos?
Sea el momento que sea, siempre te invitaría a cenar a mi casa; para compartir la mayor de las verdades, la tuya y la mía.
¿Con qué brindaríamos para romper el hielo?
Claramente, con un culín de sidra, que soy asturiana.
Arrancarás noviembre como uno de los grandes rostros de La Séptima, volviendo a la actualidad pura. Si el inicio de esta nueva etapa fuese un vino, ¿cómo sería?
Me veo con solera y reposada; aunque la solera la tengas que ir actualizando y conformando día a día, porque la puedes perder.
¿Eres de naturaleza reposada, entonces?
No. Soy una persona muy efervescente, pero contrapesan los años; sería espumosa en ese sentido.

En La Séptima te vas a rodear de perfiles muy enfocados a la política y el análisis.
Durante 12 años en la radio, antes de llegar a la televisión en 2008, hice política y actualidad todo el tiempo con Luis del Olmo, Carlos Herrera… Yo tenía programa propio y hablábamos fundamentalmente de actualidad. Pero con Herrera y del Olmo, en aquella época, te puedes imaginar. De alguna manera es la vuelta al origen; no es nada nuevo para mí.
¿En qué momento dijiste: “Este proyecto es para mí”?
Uno va transitando por la vida; va haciendo cosas y empatizando, alineándose o buscando dónde reverbera más su momento de vida. En este momento, al ser madre de una niña de 11 años —e intentar acompañarla en su despertar, e intentar analizar y ver su contexto—, he pensado que qué mejor momento para volver a la actualidad. La actualidad es la vida cotidiana, y la actualidad y la vida cotidiana son, sin duda, política. Nuestra vida cotidiana viene muy determinada por lo que deciden en el Congreso de los Diputados.
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Te veremos capitaneando un plató. ¿Qué ingredientes no pueden faltar cuando se está al frente de un formato?
Serenidad, apertura, capacidad de empatía, curiosidad, tolerancia, respeto y autocrítica.
Has contado que tu fichaje se gestó a fuego lento. ¿Eres de las que creen que los mejores proyectos, como las mejores sobremesas, requieren tiempo y paciencia?
En la vida no hay normas. Hay un dicho o frase que utilizamos constantemente, que es “la excepción confirma la regla”. ¿Qué significa esto? Que para que algo se convierta en regla, tiene que haber cosas que sean totalmente diferentes a lo normativo. Eso es lo que tenemos que aceptar de la vida: que la vida te vaya ofreciendo su poquito de todo y tú lo vayas cocinando y digiriendo tal cual va viniendo. Es una digestión constante.
Tus raíces están en Asturias. Si tuvieras que cerrar los ojos y elegir un aroma o sabor que te haga viajar a tu tierra, ¿cuál sería?
Aroma, ahora mismo, ninguno. Hace como 15 años que perdí el olfato por un resfriado. Según me contaron en ese momento, tuve una lesión en la pituitaria y nunca lo recuperé. Pero el sabor sería un sabor rotundo; Asturias es rotundo y éramos muy asturianos en la dieta. Ahora sería inconcebible porque había elementos que no entraban, pero Asturias es una tierra que te proporciona mucha identidad; en lo gastronómico, también.
Luján Argüelles
Presentadora
Allí empezaste muy joven en la radio local, Radio Vetusta. ¿A qué sabe el recuerdo de esos primeros pasos?
Sabe a escalofrío, en el buen sentido y también en el malo. Sabe a todo lo que representa un escalofrío: sorpresa, entusiasmo, pero también inseguridad y emergencia.
Por tu carácter, pareciera que nunca hubo inseguridad.
La inseguridad es uno de los personajes que nos acompaña toda la vida; lo que ocurre es que nos esforzamos demasiado por ocultarlo. En el fondo, cuando te haces amiga de la inseguridad, se convierte en un aviso. Es un “¿qué está ocurriendo?”, o un “tengo que tomar cartas en el asunto porque algo no está bien y tengo la capacidad de solucionarlo”. Pero sentirte inseguro es un buen compañero cuando dialogas con él.
Uno de los formatos más recordados de tu trayectoria es ¿Quién quiere casarse con mi hijo?. Estar al mando de ese cóctel de personajes pintorescos, ¿qué poso te ha dejado?
¿Quién quiere casarse con mi hijo? va a ser mi gran escuela para lo que me espera en este momento. Los personajes eran muy pintorescos, muy variopintos y muy distintos; por tanto, muy difíciles de gestionar porque eran muy auténticos. Ahora mismo, el panorama que me espera también es de gente muy pintoresca, distinta y variopinta, pero no creo que tengan ese cóctel de la autenticidad. No creo que estemos en un momento de autenticidad, estamos en un momento de máscaras; jugamos a qué máscara tengo que ponerme y tiro con ella, y eso también es muy difícil de gestionar. Espero que el paso por el programa me ayude en esta nueva situación.
De todo lo que has hecho en televisión, ¿qué te gustaría embotellar para el recuerdo?
Todo lo que tenga que ver con el programa del Camino de Santiago, El camino de la verdad. Para mí, es la experiencia profesional más completa. Había muchísimo de mí y quería darlo todo, no esconder nada; fui toda entera.

Antes de emitirse, El camino de la verdad estuvo un buen tiempo en barbecho. Cuando un proyecto se hace esperar, ¿el estreno se degusta de otro modo?
No. Vivimos en una época de inmediatez constante y por eso nos estamos cuestionando si el hecho de esperar es bueno, malo o regular. Pero tampoco nadie ha dicho que la inmediatez sea lo mejor. Cuando el programa se emite, sigo sintiendo y pensando igual. No cambiaría absolutamente nada. Simplemente, a veces la vida sabe los tiempos, no los sabes tú. Ni tan siquiera los sabe Mediaset o el espectador; la vida sabe los tiempos.
En la televisión todo fluye tan deprisa que hay formatos que no logran asentarse. ¿Ha habido algún proyecto que, tal como ‘vino’, se fue, y hoy agradeces que no fermentase?
Todos los que han venido y se fueron no tenían que ser. Esta es la filosofía que aplico. He aprendido muchísimo al respecto de la frustración y cómo es un elemento que está todo el tiempo en tu vida. Es inherente a la decisión, al contexto, a tu relación con el otro… a todo. Tienes que ir constantemente trabajándola y encajándola en la vida.
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En un sector tan imprevisible, ¿has logrado entrenar el olfato para detectar a tiempo un “vino picado”?
Cuando de repente mi instinto me dice “no”, es muy probable que acierte y tenga razón. Es muy probable, lo que no significa que siempre vaya a ser así.
Fuera de los platós y los rodajes, cuando te quitas el traje de presentadora, ¿qué se cuece en tu cocina?
Lo mismo que ves cuando soy presentadora. Lo que sí que me da ponerme a trabajar es una energía desbordante, pero la gente que me conoce también dice que soy desbordantemente enérgica. Tengo una energía muy difícil de controlar y no podría ser distinta. Bueno, sí podría, pero me parece que sería pagar un precio muy alto. Pasamos muchas horas trabajando fuera de nuestra casa y me resulta muy incómodo tener que estar jugando a ser una persona distinta todo el tiempo.
Si en esta cena me quedo contigo hasta la sobremesa, ¿descubriría algo de ti que no me espero?
En el fondo pienso que, aunque tú consideraras de mí que soy lo peor o una cretina, reforzarías lo que piensas. Pero porque no vibramos en el mismo pentagrama; lo que ves es lo que hay. Si tú interpretas lo que ves de una determinada manera, cuando me veas en mi casa y estemos juntos en la intimidad, lo reforzarías porque no soy de otra manera.
Luján Argüelles
Presentadora
A la hora de cocinar de verdad, ¿cuáles son tus platos estrella?
Soy muy mala cocinera.
Pero me llevarías a cenar a tu casa.
Pero porque, como soy auténtica, quiero ser y mostrarme auténtica, honesta y leal a mí misma. No engañar a nadie, ni ponerme máscaras. Y te encontrarías con eso; mis amigos es lo que se encuentran. No empecemos con 17 copas y 400 cubiertos, sino que “vamos con todo”. El “vamos con todo” es lo mejor que puedes encontrar en la verdad o intimidad de alguien, porque es amor y ganas de compartir. Todo lo demás son accesorios, ornamentos.
¿Con qué planes maridarías tu domingo perfecto?
En este momento, mi domingo perfecto es con mi hija y haciendo algo que a las dos nos ponga las pilas. Puede ser ir a PortAventura o puede ser ir al último concierto de Shakira, que estuvimos ahí y ella estaba fascinada. O irnos juntas a visitar alguna ciudad, o ver una obra de teatro o un musical. Mamma Mía! le chifló. También podría ser sola, preguntándome a mí misma: “¿Cómo estás?”, “¿Cómo te sientes?”, “¿Qué necesitas?”. O también podría ser con ese novio que no acabo de encontrar.
Has hecho radio, concursos, realities, magacines, teatro, has escrito un libro… ¿Qué formato o reto profesional te falta por descorchar?
Siempre he comentado que en televisión quería hacer lo mismo que había hecho en las radios, que era actualidad en directo. Con La Séptima, ahí lo tienes.
También has defendido que los profesionales de la comunicación debéis ocupar los contenedores digitales para no dejar la información en manos inexpertas. ¿Nos hace falta un buen sumiller que separe el periodismo del ruido?
Estamos en un momento muy polarizado y los medios de comunicación están siendo arrastrados por la situación actual. La inmediatez, la necesidad de clickbait, la batalla por la atención… la atención siempre es más efectiva cuando apelas a la víscera. Y la víscera no implica sosiego.
Desde tu espacio en La Séptima, ¿lucharás contra eso?
A mí no me gusta luchar; yo no voy a luchar ni soy el champán único y especial que va a poner el granito de arena que falta. Lo que voy a hacer es estar alineada con lo que creo, pienso y considero. Yo quiero estar alineada con la serenidad; en la serenidad cabe todo y cada uno empatiza con una cosa u otra. Nos dirigimos a una audiencia adulta y un adulto sabe discernir y elegir qué le resuena más, menos o regular.

La réplica rápida y el sentido del humor son algunas de tus señas de identidad. ¿Es la ironía tu mejor herramienta para que el día a día no se te avinagre?
En general, hay que tirar de ironía y sentido del humor, pero porque tú no vas a salir a la calle y te vas a encontrar con alguien que piensa exactamente igual que tú. No hay nadie exactamente igual que tú; somos seres humanos únicos e irrepetibles. Nadie va a ver todo al mil por mil como tú y tienes que tirar de sentido del humor e ironía, contigo y con el otro, para encontrar el punto medio y llevar las cosas con cierta holgura. Si no, entra el amargamiento. Y si te frustras o impones, entonces amargas al otro.
Vamos a organizar tu cena de sobremesa infinita ideal. Si tienes tres huecos en tu mesa y puedes invitar a tres personas, famosas o anónimas, ¿a quiénes sientas a brindar contigo?
En este momento, invitaría a mi hija, a Pedro Sánchez y a Alberto Núñez Feijóo. Sería una buena fórmula para saber realmente lo que tenemos encima de la mesa. Los adultos, en general, tenemos que pensar en el mundo que se queda para las nuevas generaciones. De alguna manera, trabajamos para el mundo; tenemos que ir haciendo las cosas bien hoy por lo que viene después. Lo que viene después son las generaciones futuras, que lo representaría mi hija.
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¿De qué hablaríais?
En un capítulo del libro que escribí, El regalo de Miranda: todo lo que mi hija me enseña sobre la vida, hablaba de a qué juzgado tengo que ir para denunciar a los integrantes del Congreso de los Diputados por la manera en la que se refieren unos a otros. Los insultos y las barbaridades que se emiten en los informativos de las nueve de la noche, donde los niños pueden perfectamente estar viendo la tele… Mi hija, en ese momento, estaba estudiando las instituciones del Estado. Ella está viendo que ese es el país en el que ella vive y que, por tanto, depende de todo eso. De la monarquía, del Congreso, el poder judicial, el poder político… y luego mi hija ve cómo se hablan e imagínate el cacao mental. ¿A mí quién me defiende de todo eso como madre? ¿Qué le digo? Quizás sería el primer temazo de la cena: “Oigan, miren ustedes, yo me pregunté esto como madre. Ya que están ustedes aquí, ¿cómo puede ella hablar en el patio si lo que ve es como hablan ustedes en el Congreso de los Diputados?”.
Si levantamos la copa ahora mismo, a punto de cerrar octubre, ¿por qué brinda Luján Argüelles?
Por una sociedad emocionalmente sostenible. Tenemos una sociedad polarizada, en la trinchera; con unos índices de salud mental terribles y unos jóvenes que hablan de soledad, de frustración… con una situación que, insisto, es insostenible. Brindaría por eso y luego ya, lo demás, la sociedad es capaz de construirlo.
Y dentro de diez años si nos reencontramos en tu casa para volver a cenar, ¿por qué te gustaría brindar con esa Luján?
Brindaría porque estemos brindando tú, yo… ¡Y mi novio!