El irreconciliable desencuentro histórico entre la afición del Rayo Vallecano y su propietario, Raúl Martín Presa, terminó de estallar hace dos semanas. Era el primer partido de la temporada en Vallecas, después de tres jornadas de exilio forzoso a Leganés por las pésimas condiciones del estadio vallecano, que llevó a la Comunidad de Madrid a clausurarlo temporalmente por seguridad. Y la cosa fue peor que mal: apenas se jugaron 14 minutos del partido contra el Athletic, después de una lluvia de aviones de papel, pequeñas pelotas de plástico y hasta un par de asientos, que llevó a la Policía Nacional a instar al árbitro a la suspensión definitiva del encuentro.
El irreconciliable desencuentro histórico entre la afición del Rayo Vallecano y su propietario, Raúl Martín Presa, terminó de estallar hace dos semanas. Era el primer partido de la temporada en Vallecas, después de tres jornadas de exilio forzoso a Leganés por las pésimas condiciones del estadio vallecano, que llevó a la Comunidad de Madrid a clausurarlo temporalmente por seguridad. Y la cosa fue peor que mal: apenas se jugaron 14 minutos del partido contra el Athletic, después de una lluvia de aviones de papel, pequeñas pelotas de plástico y hasta un par de asientos, que llevó a la Policía Nacional a instar al árbitro a la suspensión definitiva del encuentro.
Este sábado (14.00 horas), Vallecas vuelve a abrirse para recibir al Elche. Y la duda, más que razonable, es si el partido se disputará de principio a fin con normalidad o las protestas del rayismo volverán a provocar su suspensión. Que el fondo de los Bukaneros (el único con gradas) esté clausurado, como consecuencia de lo sucedido frente al Athletic, aminora pero no elimina las posibilidades de un nuevo boicot. Porque la hinchada del Rayo está muy harta de la gestión de Presa y porque los radicales pueden acceder al campo en otras localidades.

Protesta en el Rayo-Athletic. / Angel Perez Meca / AFP7 / Europa / Europa Press
Acuerdo con los aficionadosEl presidente, a través de intermediarios, ha tratado de rebajar la tensión en los últimos días, en el marco de reuniones entre representantes de la directiva, de la afición, de los jugadores y del resto de trabajadores de la entidad. Tras negarse a ello durante semanas, Presa se ha comprometido a devolver el dinero a los abonados que no acudieron a los partidos que tuvieron que jugarse en Leganés. Y, en un gesto muy simbólico para el rayismo, se ha comprometido de que la camiseta de la próxima temporada volverá a tener una franja roja, en lugar del rayo por el que se ha apostado en las últimas temporadas.
¿Serán suficientes estos gestos para calmar los ánimos? Habrá que verlo. De momento, la Comisión Antiviolencia ha catalogado el partido como de alto riesgo y sobre el Rayo pesa la amenaza formal del Comité de Disciplina de la RFEF de clausurar el estadio al completo. Por el momento, los minutos pendientes contra el Athletic, más de 70, se tendrán que disputar a puerta cerrada, en una fecha todavía por concretar.
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"Estamos haciendo grandes esfuerzos para que se solucione y se normalice todo. Animamos a que todo se normalice y se llegue a un consenso", decía el jueves Beñat San José, el entrenador franjirrojo, sobre una situación que está dejando en segundo plano la actividad meramente futbolística del Rayo. Pesos pesados de la plantilla han elevado la voz en las últimas semanas implorando soluciones para una crisis que en nada les ayuda a hacer su trabajo y se han implicado en rebajar una tensión que Presa ha permitido que crezca durante demasiado tiempo.
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