La sección segunda de la Audiencia de Valencia acogía este miércoles y jueves el juicio contra Santiago, un hombre acusado de un delito continuado de abuso sexual a menor de edad al someter a diversos actos de tipo sexual a su sobrino, cuando este tenía entre 11 y 19 años de edad. Según la acusación pública, los hechos ocurrieron entre los años 2011 y 2019, en las distintas viviendas familiares repartidas en varios puntos de la provincia de Valencia. El acusado aprovechaba los momentos en los que coincidía a solas con el menor para, con ánimo libidinoso, abusar de él. La víctima padece trastornos mentales relacionados, según la fiscalía, con lo que le ocurrió.
La sección segunda de la Audiencia de Valencia acogía este miércoles y jueves el juicio contra Santiago, un hombre acusado de un delito continuado de abuso sexual a menor de edad al someter a diversos actos de tipo sexual a su sobrino, cuando este tenía entre 11 y 19 años de edad. Según la acusación pública, los hechos ocurrieron entre los años 2011 y 2019, en las distintas viviendas familiares repartidas en varios puntos de la provincia de Valencia. El acusado aprovechaba los momentos en los que coincidía a solas con el menor para, con ánimo libidinoso, abusar de él. La víctima padece trastornos mentales relacionados, según la fiscalía, con lo que le ocurrió.
Santiago, en la primera sesión del juicio, se negó a responder a las preguntas tanto del Ministerio Fiscal como de la acusación particular y solo abrió la boca para responder a las de su abogado. Así las cosas, esto para la fiscal era clarificador de lo ocurrido, pues ello no les permitía preguntar al acusado “si fue él o no”. La representante del ministerio público dijo que, como “no nos ha dejado preguntar”, se remitía a las declaraciones que realizó el acusado en sede judicial. Ahí se incluía un mensaje de texto donde la víctima le pedía 10.000 euros o le contaría a sus padres lo ocurrido, tardando el acusado hasta tres días en contestar y decirle que no. Para la fiscalía, cuando el padre habló con el tío, este no negó los abusos sexuales sobre su sobrino, y hasta en dos ocasiones, Santiago se quedó callado cuando se le preguntó ante la víctima en casa de los abuelos.
Denunció al estar preparadoLa fiscal introducía en sus conclusiones la agravante del abuso de confianza, pues los padres dejaban a su hijo con su tío con la confianza de ser familiar. Respecto a que se denunció tarde, la fiscal fue clara al señalar que se denunció “cuando estaba preparado el menor”. No era una situación normal. En la edad adulta se da cuenta de que eso que le hacía no era normal”.
Para la acusación pública, la versión de la víctima “es válida” y por tanto “no ha fabulado o inventado” los hechos, recordando que por el simple hecho de que una persona esté enferma, ello no quiere decir que mienta, pues “no es un maníaco de la denuncia” y se le ha escuchado reiterando lo sucedido, en alusión a las declaraciones de la víctima.
Una grabadora en el calcetínPara la acusación particular ejercida por el abogado Roberto Jimeno Bernad, fue significativo que Santiago no le dejara preguntarle en el juicio sobre los hechos denunciados y donde “no ha habido prueba contraria”. Añadía además que no había que perder de vista que “se ha destrozado a una familia” y que eso mismo es lo que la víctima “quizá quería evitar” pues el acusado, el tío de la víctima, es hermano de la madre .
El abogado de la familia incidía en que, ante la gravedad de los hechos, existe una grabación que obtuvo el padre al acudir junto con su hijo a casa del tío. Una conversación registrada en una grabadora que ocultó en el calcetín cuando fueron a pedirle explicaciones al acusado. Y ahí, recordaba, “quedó clara la posibilidad de mediar para no acudir a juicio”.
Incluso la madre, cuando recibió la noticia, dijo que “se le cayó el mundo al suelo y la venda de los ojos”, teniendo en cuenta que el acusado es su hermano y la víctima su propio hijo, expuso el abogado de la familia de la víctima. “Es demoledor escuchar la voz del acusado”, destacaba el letrado, en una voz que reconocieron los testigos, por lo que “no es una fábula para destrozar a una familia. Esa grabación existe, se escucha al acusado, quien reconocía implícita y explícitamente los hechos”, exponía la acusación particular en sus conclusiones finales. Y acababa con los informes médicos donde se pone de manifiesto que los dos trastornos “aparecen y se diagnostican por estos abusos, por ese estrés postraumático” y por ello reclamaba una indemnización.
“Es falso y quiere destrozarme la vida”Por su parte, la defensa de Santiago basó una parte de su alegato final en la vulneración de algunos derechos, entre ellos el acudir a su casa y grabarle, por lo que habían solicitado la impugnación de los audios al ser nulos de pleno derecho. Aun así, recalcaba que de lo escuchado no es que no niegue los hechos: “Se auto inculpa y no se acredita ninguno”, recalcaba el letrado.
Y respecto a los informes, llegaba a calificarlos de “muy flojos” y basados en apreciaciones subjetivas a la hora de valorar la versión de la víctima, insistiendo en su enfermedad mental y los años transcurridos desde que ocurrieran los supuestos hechos, así como la petición de un dinero para no denunciar.
Noticias relacionadas
En el turno de última palabra, Santiago se dirigía a los tres magistrados de la Sección Segunda señalando que se reiteraba en que todas las acusaciones “son falsas”, recordando la enfermedad que su sobrino padece y los tres años que pasaron antes de denunciarle, concluyendo que “esto ocurre bajo amenaza, quiere de destrozarme la vida”. El juicio ha quedado visto para sentencia.