La inteligencia artificial empieza a utilizar nuestras palabras para detectar posibles señales de deterioro, aunque los especialistas insisten en que estas herramientas sirven para orientar, no para diagnosticar
“Dígame todos los animales que se le ocurran en sesenta segundos”. Con el móvil en la mano, una persona empieza a enumerar: perro, gato, caballo, vaca. Al principio, las palabras llegan con facilidad. Después baja el ritmo, aparece un silencio y quizá repite algún nombre sin darse cuenta. Parece un juego, pero la fluidez verbal se evalúa desde hace décadas en las consultas de neuropsicología. Nombrar animales obliga a buscar palabras en la memoria, agruparlas por significados —domésticos, de granja, de la sabana o del mar—, cambiar de una categoría a otra y recordar cuáles se han dicho. En ese minuto se movilizan el lenguaje, la atención, la memoria y la capacidad para organizar una respuesta.
Ahora, distintos grupos de investigación tratan de averiguar si la inteligencia artificial puede extraer de ese ejercicio más información de la que percibe el oído humano. Los programas cuentan palabras y repeticiones, pero también miden la velocidad, el ritmo, la entonación y los silencios. El objetivo es explorar si la voz puede convertirse en una forma sencilla y accesible de advertir cambios cognitivos y orientar hacia una evaluación profesional.
Que una palabra tarde en llegar no significa que exista una enfermedad. A todos nos ocurre y puede suceder con mayor frecuencia al envejecer, sobre todo si estamos cansados, preocupados o distraídos. Lo importante es observar si el cambio se repite, progresa y empieza a interferir en la vida cotidiana. “Hay variables que son más difíciles de detectar para nosotros como humanos, pero que un ordenador puede reconocer y calcular matemáticamente”, explica Patricia Laura Marán, neuropsicóloga clínica y asesora científica de acceXible, una empresa española que desarrolla modelos de análisis de la voz.
El algoritmo, sin embargo, no “escucha” el alzhéimer. Busca en el habla una combinación de señales que aparece con mayor frecuencia en personas con deterioro cognitivo. El resultado puede indicar que conviene realizar más pruebas, pero no explica por sí solo qué le ocurre a esa persona ni cuál es la causa.
La idea de buscar pistas sobre la salud cerebral en el lenguaje no nació con la inteligencia artificial. Uno de sus precedentes más conocidos es el Estudio de las Monjas (Nun Study), una investigación iniciada en Estados Unidos con 678 religiosas. Los científicos analizaron autobiografías que algunas habían escrito al ingresar en la congregación, alrededor de los 22 años, y observaron que una menor riqueza expresiva se relacionaba con peores resultados cognitivos al final de la vida.
El hallazgo no permitía predecir el futuro de una persona, pero mostraba que el lenguaje podía contener información relacionada con la salud del cerebro. El estudio llamó la atención de Carla Zaldúa, fundadora de acceXible. “Pensé que, con la tecnología que tenemos ahora, todo aquello se podría analizar de una forma más automatizada, estudiando no solo el lenguaje, sino también la voz”, recuerda. Y así de esta idea nació acceXible.
La voz puede aportar pistas, aunque todavía no permite saber con seguridad quién desarrollará una demenciaUna prueba breve, realizada desde el teléfono y sin necesidad de desplazarse, podría ayudar a detectar de forma temprana algunos cambios cognitivos. Sin embargo, la investigación aún se encuentra en una fase inicial. Una revisión de 35 investigaciones, realizada por las universidades de Salamanca y Murcia y publicada en 2021, concluyó que el análisis automático del habla podía ayudar a detectar señales de alzhéimer y deterioro cognitivo leve. Sus autores advirtieron, no obstante, que los estudios eran muy diferentes entre sí y que todavía hacían falta investigaciones con muestras más amplias.
Otros trabajos, como un estudio de la Universidad de Boston, analizaron el habla de 166 personas con deterioro cognitivo leve y encontraron señales relacionadas con su evolución durante los seis años siguientes. Los resultados indican que la voz puede aportar pistas, aunque todavía no permite saber con seguridad quién desarrollará una demencia. En otras palabras: la voz puede aportar una pista, pero no adivinar el futuro.
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El sistema desarrollado por acceXible fue evaluado en un estudio publicado en 2024 en Frontiers in Neurology. Participaron 174 personas hispanohablantes, algunas sin alteraciones cognitivas y otras con deterioro leve o demencia. El algoritmo se entrenó con las grabaciones de una parte de los participantes y después se probó con las del resto. En este último grupo acertó en torno al 88% de los casos al distinguir entre personas sin alteraciones y personas con algún grado de deterioro.
El resultado es alentador, aunque preliminar. A diferencia de la prueba de los animales (descrita al inicio de este artículo), que dura 60 segundos, los participantes del estudio realizaron cuatro ejercicios durante unos cinco minutos. La investigación, además, se llevó a cabo con una muestra reducida y buscaba señales de deterioro cognitivo general, no de alzhéimer en particular. Por eso, no puede afirmarse que la prueba breve alcance por sí sola la misma precisión. Siete de los autores trabajaban para acceXible, la empresa creadora de la herramienta, una vinculación declarada en la propia publicación.
“La herramienta es una indicación sobre el estado cognitivo, no un diagnóstico”, recalca Marán. Esa diferencia es fundamental. Si el resultado aconseja prestar atención, no significa que se haya detectado una enfermedad, sino que puede ser conveniente consultar a un profesional.
Nuestra forma de hablar no refleja únicamente cómo funciona la memoria. Una mala noche, los nervios, un estado de ánimo bajo, determinados medicamentos o una dificultad auditiva pueden alterar la respuesta. También puede influir algo tan sencillo como grabar en un lugar ruidoso o sentirse incómodo utilizando el teléfono. La edad, la educación y el contexto cultural también cuentan. “No es lo mismo hablar castellano de España que de América Latina”, recuerda Marán. Una persona puede utilizar una palabra habitual en su país que el programa no reconozca correctamente. Incluso los diminutivos cambian de un lugar a otro.
Por eso, un sistema no debería utilizarse en una población distinta de aquella en la que se entrenó sin comprobar antes que entiende sus particularidades. No basta con traducir las instrucciones: hay que adaptar la herramienta a la forma de hablar de cada comunidad.

Los investigadores trabajan ahora con grupos más amplios y diversos para comprobar hasta dónde pueden llegar estas pruebas. Si demuestran su utilidad, podrían ayudar a identificar a quienes necesitan una exploración más completa o facilitar el seguimiento de personas que ya presentan algunas dificultades. Su función no sería reemplazar la consulta médica, sino ayudar a llegar antes a ella. Olvidar ocasionalmente un nombre y recordarlo después no tiene por qué ser preocupante. Tampoco necesitar más tiempo para aprender a utilizar un teléfono o una aplicación nueva. Con los años puede costarnos algo más recuperar cierta información, sin que eso indique necesariamente una enfermedad.
Conviene consultar cuando los cambios se repiten, empeoran o empiezan a afectar a la autonomía. Puede ocurrir, por ejemplo, cuando una persona se pierde en lugares conocidos, olvida con frecuencia conversaciones recientes, se confunde al tomar la medicación o tiene problemas para realizar tareas que antes resolvía con normalidad. Si una prueba de voz recomienda prestar atención, el paso adecuado es acudir al médico de atención primaria y explicar qué cambios se han producido y desde cuándo. El profesional valorará si es necesario realizar una exploración cognitiva u otras pruebas. Ningún resultado aislado, tampoco el de un algoritmo, cuenta toda la historia.
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Mientras la ciencia perfecciona estas herramientas, hay algo que ya podemos hacer. La actividad física, el cuidado de la tensión arterial, la diabetes y el colesterol, una alimentación saludable, la revisión de la audición y la vista y el contacto con otras personas contribuyen a proteger la salud general y cerebral. También importa mantener la curiosidad, con actividades como leer, conversar, aprender y continuar participando en actividades que nos interesan.
La voz puede convertirse en una aliada para detectar cambios que merecen atención, pero no es un oráculo ni contiene un diagnóstico escondido. Puede lanzar una primera señal; escucharla con calma y acudir al profesional cuando sea necesario es lo que permite convertir esa señal en una ayuda real.