Según el primer estudio ESDAM, el 1,3% de la población española de 65 años o más podría presentar un trastorno de adicción relacionado con el juego
Ángel Cabezas tiene 81 años y celebra dos cumpleaños: el del día en que nació y el del día en que ingresó en APAL (Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata). “Empecé a jugar con 19 años y no paré hasta los 72; ahora llevo 8 años y medio rehabilitado y los he disfrutado de una manera inimaginable, pero cuando entré, no tenía ninguna fe en poder recuperarme de mi adicción”, relata este hombre, que ejerce desde hace 6 años también como monitor, coordinando las terapias de grupo de otros adictos al juego. “Dejarlo cambió radicalmente mi vida”.
“Siempre pensé que era un vicio, como se solía decir, y no una enfermedad”, explica, denunciando que la ludopatía es todavía invisible en nuestra sociedad. “Ves a alguien bebiendo en un bar o pinchándose en la calle y su adicción es palpable, pero te cruzas con un montón de ludópatas y no aprecias los signos físicos de su problema”, anota. La propia Organización Mundial de la Salud clasifica la ludopatía como enfermedad mental y el único trastorno de adicción sin sustancia.
El caso de Ángel no es ni mucho menos aislado: la tercera edad es muy vulnerable a la adicción al juego, alertaba el Hospital de Bellvitge ya en la década pasada. En 2013, el 11% de las visitas registradas en su Unidad de Juego Patológico correspondían a mayores de 65. Un 83,7% de los pacientes mayores eran jugadores de máquinas tragaperras, un 44,2% jugaba al bingo y un 17,1% a juegos del casino. “Sin embargo, todo el mundo mira hacia otro lado”, se lamenta.
El 1,3% de la población sénior tiene este trastornoEn 2020 vio la luz el primer Estudio ESDAM sobre adicciones comportamentales en la población mayor de 64 años, un informe que da pistas sobre los factores que desencadenan esta conducta patológica: los mayores juegan motivados por la soledad, el aislamiento social y eventos vitales estresantes como la jubilación, el duelo, una enfermedad o una separación.
Según este informe, el 1,3% de la población española de 65 años o más podría presentar un trastorno de adicción relacionado con el juego, siendo la lotería convencional el formato más socorrido, seguido de loterías instantáneas y quinielas. El juego presencial, completado por tómbolas, máquinas tragaperras de bar o bingo, se impondría claramente frente al juego online en estas edades. A su alrededor orbita una industria millonaria: el sector del juego mueve alrededor de 12.000 millones de euros anuales en volumen de gasto real, lo que supone el 0,78% del PIB nacional. “Hay un gran silencio alrededor de nuestro sufrimiento porque mucha gente vive de este negocio”, asegura Ángel Cabezas.
Para que una persona entre dentro de la definición de ludópata, debe sentir una incontrolable necesidad de jugar a juegos de azar, menospreciando cualquier consecuencia negativa de esta práctica. Existe una importante pérdida de control, aumento de la tolerancia para obtener los efectos deseados —jugando cada vez más dinero— y se producen graves interferencias en la vida cotidiana.
La salud, la socialización o el bienestar mental empeoran con este hábito: se pierden los hobbies y las amistades, aparecen la apatía y la depresión, el insomnio, la falta de apetito, la irritabilidad o la ansiedad. La baja autoestima y el sentimiento de culpa son constantes. De hecho, la ludopatía multiplica por más de 30 el riesgo de conductas suicidas en los hogares, y se calcula que hasta un 20% de las personas con problemas graves de juego patológico intentan quitarse la vida.
Ángel Cabezas
81 años
Ángel Cabezas jugaba a Loterías y Apuestas del Estado. “Cuando yo empecé a jugar, en los años sesenta, era el único juego que estaba permitido”. Entró en APAL impelido por su familia, pero con pocas esperanzas. “Me sentía una basura, pero empecé a escuchar a compañeros de mi quinta, hombres mayores que llevaban una década rehabilitados, y empecé a pensar que yo también podría lograrlo”. Asegura que desde las asociaciones hacen también una gran labor psicológica asesorando y apoyando a los familiares. “Ellos no tienen culpa y están deshechos: cargan con la adicción, pero también con las deudas y con otras adicciones complementarias como el alcohol o la cocaína”.
¿Cómo es el perfil de la persona mayor que juega? Juan Lamas Alonso, director técnico de FEJAR - Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados, explica que en el segmento de la tercera edad, el perfil corresponde a un varón entre 60 y 72 años, con una latencia de juego superior a siete años, preferencia por las máquinas de tragaperras e importantes repercusiones psicológicas, psicosociales y familiares.
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“La adicción les ocasiona deudas por un importe muy alto, porque son personas que por su recorrido vital tienen un patrimonio y capital mayor que las de otras generaciones; no es lo mismo lo que puede gastar un pensionista que un estudiante”, aclara Lamas, que desgrana otras consecuencias de la ludopatía: divorcios, separaciones, conflictos y familias desestructuradas. En el caso de FEJAR, que abarca 26 asociaciones regionales, constituyendo una muestra representativa a nivel de España, las mujeres en edades avanzadas solo suponen el 3% de los adictos al juego sénior, mientras que en grupos más jóvenes la brecha se reduce y las mujeres llegan a ocupar el 12%, un fenómeno aupado por las apuestas online y deportivas.
“Los pacientes mayores tienen poca motivación al tratamiento, no se ven candidatos al mismo y perciben su situación como cronificada, lo que hace que en algunos casos se opte por una política de reducción de años en lugar de una rehabilitación completa. También es común que exista algún tipo de comorbilidad: tabaquismo, alcoholismo o, incluso, enfermedades como el párkinson o demencia degenerativa”, apunta el director técnico de FEJAR. Recalca que es esencial cruzar datos con los neurólogos y psiquiatras. “Por ejemplo, la medicación del párkinson puede desencadenar conductas de trastorno obsesivo-compulsivo, que deriven en el juego de azar”.

“El tipo de juego es lo de menos”, asegura Ángel Cabezas. “Los pacientes rehabilitados no podemos jugar a nada, ni una partida amistosa ni un simple parchís. Aquellos que están enganchados a las apuestas deportivas no pueden ver ningún partido en directo y, por supuesto, al principio no puedes llevar nada de dinero encima”, relata.
Cabezas explica que la adicción al juego tiene tres fases. “En la primera, te sientes ambicioso y poderoso, quieres ganar mucho dinero y comprarte un piso o una casa. Es pura adrenalina. En la segunda, cuando ya has pasado apuros económicos y tienes deudas, quieres jugar para recuperar el dinero y recompensar a tu familia. Y en la tercera, juegas exclusivamente por jugar; ya te da igual todo. El juego se ha adueñado de ti. Es la parte más dura, pero suele ser cuando te planteas pedir ayuda”, destaca este paciente.
Juan Lamas Alonso
Director técnico de FEJAR
“La soledad es un factor agravante”, apunta el director técnico de FEJAR. “Hay personas mayores que tienen la sensación de vida terminada y, al carecer de proyectos de futuro, optan por seguir jugando”. Anota que la digitalización y el aislamiento del resto de miembros de la familia agravan la soledad. “No son personas que suelan jugar por falta de recursos, sino porque se ven como muebles y necesitan ocupar su tiempo y su mente”.
Terapias con enfoque biopsicosocialDesde FEJAR proporcionan toda clase de recursos, incluso un test orientativo basado en criterios DSM-5 para saber si puedes estar teniendo problemas con el juego. “Puede haber una actitud de juego amplia que no sea patológica; es decir, puede haber un bingo casero en una residencia que se celebre de forma puntual y que la gente se divierta. Debe ser un profesional quien valore si hay un trastorno”.
Recalca que hay que estudiar cada caso. “Hay que abordar la terapia de forma integral, con psicólogos que tengan enfoque biopsicosocial y también con trabajadores sociales”. Y subraya un punto clave en la rehabilitación sénior. “Es necesario trabajar la ocupación del tiempo libre en función de las alternativas de ocio que el paciente tenía antes. A una persona más joven le puedes recetar deporte más intenso; en la tercera edad hay que trabajar la reestructuración familiar y actividades como excursiones, caminatas, asociaciones de vecinos o visitas culturales”, anota Lamas.
Cabezas ha estado en más de 1.000 terapias de grupo y ha escuchado toda clase de historias, constatando que la adicción atraviesa cualquier edad, género, religión y clase social. “Nunca te puedes olvidar de que eres ludópata, aunque hayan pasado muchos años; yo he conocido personas que han recaído después de 18 años de rehabilitación”. Además, recalca que, sin ayuda, es imposible. “Cualquier adicto cree que lo puede dejar cuando quiera y que puede salir solo”.
Desde su experiencia, la terapia de grupo es esencial. “Al principio, ir acompañado por un familiar ayuda”. También seguir las pautas a rajatabla, especialmente al principio. “No puedes tener tarjeta bancaria ni llevar dinero encima”. La terapia individual es clave “para llenar el vacío y asimilar que es una enfermedad para toda la vida”. A los familiares, Juan Lamas los insta a estar pendientes de las señales de alerta. “Además del gasto excesivo, hay que prestar atención a los cambios de carácter y derivar siempre al médico de atención primaria”.
El camino es tortuoso, pero la recompensa es infinita. Lo corrobora Ángel: “Después de 53 años jugando, he vuelto a vivir; he recuperado mi pasión lectora, mi filmoteca y he creado un taller de literatura en el cine, que organizo de forma virtual una vez al mes. Disfruto de la familia, de mis nietos y de mis bisnietos, de la comida, de todo”.
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