El principio básico de la democracia electoral es sencillo: una persona, un voto. Una ecuación tan simple como ecuánime que no refleja, sin embargo, la influencia cada vez mayor que tiene en Estados Unidos el llamado dinero externo de las grandes fortunas y las corporaciones, miles de millones al servicio indirecto de algunos candidatos e intereses empresariales. En estas legislativas del 3 de noviembre se han vuelto a batir todos los récords, con más de 2.300 millones de dólares desembolsados hasta la fecha para tratar de influir en los resultados electorales. El 64.5% de los fondos procede de donantes republicanos, frente al 24.7% de contribuyentes cercanos a los demócratas, una desproporción que a ojos de los expertos no tiene precedentes. En esa operación de salvamento para tratar de mantener el Congreso en manos de los conservadores, Elon Musk — el hombre más rico del mundo— lidera los esfuerzos.
El principio básico de la democracia electoral es sencillo: una persona, un voto. Una ecuación tan simple como ecuánime que no refleja, sin embargo, la influencia cada vez mayor que tiene en Estados Unidos el llamado dinero externo de las grandes fortunas y las corporaciones, miles de millones al servicio indirecto de algunos candidatos e intereses empresariales. En estas legislativas del 3 de noviembre se han vuelto a batir todos los récords, con más de 2.300 millones de dólares desembolsados hasta la fecha para tratar de influir en los resultados electorales. El 64.5% de los fondos procede de donantes republicanos, frente al 24.7% de contribuyentes cercanos a los demócratas, una desproporción que a ojos de los expertos no tiene precedentes. En esa operación de salvamento para tratar de mantener el Congreso en manos de los conservadores, Elon Musk — el hombre más rico del mundo— lidera los esfuerzos.
En las elecciones de medio mandato se tiende a castigar al partido gobernante. Hay pocas excepciones en las últimas décadas. Y esta no parece ser una de ellas. Un titular de esta semana en Fox News, la cadena conservadora, advertía de una previsible marea azul demócrata en los comicios. Daba casi por hecho la oposición recuperará la Cámara de Representantes y probablemente el Senado, algo más competido. El pánico republicano es evidente, lo que ayuda explicar la movilización de sus grandes patrones. Musk lleva gastados 369 millones de su propio bolsillo, una cifra sin precedentes en un solo ciclo electoral. El padre de Tesla y Space X, al que Donald Trump encargó el desguace del sector público a principios de su mandato, parece haber aparcado sus diferencias con el presidente.
Todo sugiere en cualquier caso que, con su apoyo a los republicanos, Musk quiere algo más que salvar a la civilización occidental de las garras del ‘wokismo’. A lo largo de los años, sus empresas han recibido 38.000 millones en contratos gubernamentales, préstamos y subsidios del Estado, según ‘The Washington Post’. También de Administraciones demócratas, a las que ahora demoniza. De modo que se juega mucho. No solo en Washington, sino también en Texas, donde tiene su residencia fiscal y las sedes de buena parte de su emporio empresarial. 158 de sus millones han ido a parar a una organización que apoya la candidatura de Ken Paxton en Texas, el primer republicano desde 1993 que podría perder uno de los dos escaños tejanos en el Senado. Ese escaño es trascendental para que los conservadores puedan mantener la mayoría en la Cámara Alta, pero también para el generoso tratamiento que reciben en Texas los intereses empresariales de Musk.
Prácticas legalizadasAsí funciona la democracia en EEUU desde que el Tribunal Supremo permitiera en 2010 a empresas e individuos hacer donaciones ilimitadas en nombre de la “libertad de expresión”. Ese dinero debe canalizarse a través de los Super Pac o Supercomités de Acción Política, organizaciones supuestamente independientes de las campañas, pero que en la práctica no lo son, como ha dejado claro Trump durante la campaña. El presidente ha dicho que los 400 millones recaudados por MAGA Inc. -- uno de los Super Pac-- son suyos. Y ha presumido de controlar sus cuentas.
Ese es uno de los motivos por los que nueve de cada diez estadounidenses consideran que la corrupción es “un problema grave” en el Gobierno y el sistema político, según una encuesta del Brennan Center for Justice. También una gran mayoría considera que el sistema y prioriza los intereses de los superricos sobre los intereses de los votantes. “Semejantes intentos descarados de comprar el desenlace de unas elecciones debería ser un gran escándalo. Y como suele ocurrir, el escándalo no está en lo que es ilegal, sino lo que es legal”, escribió hace unos días Michael Waldman, presidente del Brennan Center.
Criptomonedas y apuestas onlineTradicionalmente el dinero de las grandes fortunas y los intereses especiales ha estado bastante repartido. Pero no es el caso en estas elecciones, donde dos tercios ha ido a los republicanos. Un músculo financiero que se utiliza para inundar las ondas con anuncios de campaña y organizar sofisticadas estructuras de campaña sobre el terreno para movilizar y persuadir a los votantes. De los diez mayores donantes en estas elecciones, nueve son republicanos. A Musk le siguen, Elizabeth y Richard Uihlein con 138 millones, dueños de un emporio de paquetería y embalaje, y la familia Yass, al frente del conglomerado financiero Susquehanna International Group, muy interesada en preservar la falta de regulación de la inteligencia artificial. El único demócrata en esa lista es George Soros, con 102 millones, la bestia negra de la derecha conspiranoica de medio mundo.
Pero luego están las donaciones de las grandes empresas. De acuerdo con los últimos datos de Open Secrets, a finales de agosto habían donado 646 millones a distintos Super Pacs. Los sectores que más dinero han invertido son probablemente los que más se han beneficiado de las políticas de Trump. Encabeza la lista el sector de las criptomonedas con 344 millones, seguido por el de las apuestas online con 76. El tercero es el tecnológico, muy interesado en preservar la laxitud regulatoria hacia sus centros de datos y hacia la inteligencia artificial.
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El músculo financiero de un candidato no garantiza su victoria, como tampoco el dinero garantiza la felicidad,. Pero está claro que ayuda. Un estudio publicado en 2021 en la 'American Political Science Review' estimó que un candidato al Senado con una ventaja de dos millones de dólares en anuncios de televisión sobre su oponente podía traducirse en unos 10.000 votos adicionales. Una cifra potencialmente suficiente para decantar una elección.
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