Será un lienzo de Valdés Leal con costaleros tan cerquita de donde Mañara se desvivía por los pobres
Los carteles de cuaresma
Ni Museo ni centro de interpretación
No hay una Semana Santa igual que otra por mucho que se fundan en la memoria, como no hay dos vírgenes iguales a pesar de la cantidad de sevillanos y visitantes que no las distinguen. La de 2027 será una Semana Santa marcada por celebrarse muy pronto, el permanente reto de la seguridad, el ambiente preelectoral y, ¡tachán, tachán!, la Canina que pasará por el Arco del Postigo. No habrá tribuna para tanto fotógrafo ni para tanto ensamblador de ripios. ¡Aforen, aforen, que ya se ven los primeros ropones negros de los nazarenos del Santo Entierro y no se cabe! “Por aquí no pasa nadie más, que llevo dos horas para ver a la Canina en el Arco”.
“Esta noche, Canina, tú en el Arenal”. Con su dragón, su guadaña, sus hojas de acanto que tanto le gustaba comentar con fino sentido del humor al recordado Daniel Jiménez Quirós. Qué momentazo será cuando arríe el paso del Triunfo de la Santa Cruz delante de la capillita de la Pura y Limpia. Cuánta Sevilla en esa estampa en cuanto suene el llamador de la zambrana y queden los cuatro zancos bajo el Arco.
Creíamos haberlo visto todo cuando fue trasladada a Granada en 2007 para una exposición sobre la muerte en el barroco, organizada por la Junta de Andalucía. La Canina viajó por la A-92 de los baches y curvas. En Sevilla fue un tiempo de Canina vacante. Pero volvió sana y salva. Regresó y protagonizó, como siempre, esa primera foto que cada cuaresma nos llega con su correspondiente comentario: “Ya está sobre el paso. Esto se acaba...”. Nadie como la Canina soporta con mayor resignación la guasa de la calle. Una leyenda en latín siempre la acompaña (Mors mortem superavit), aunque bien podría llevar otra: “La Canina. Sobre sus hombros soporta la guasa de Sevilla desde 1691”.
La Canina tiene cita en el Postigo. Ella pasará por Castelar, donde lucirá con el sudario, sus latines, sus velones, su música de cámara y su austera presidencia de tres nazarenos. Echaremos en falta una banda de música que interprete composiciones fúnebres a su llegada a Molviedro. Que no quiero verla, que no quiero verla... Algunos pensarán como los versos de Lorca a Ignacio. Porque la Canina soporta guasa y rechazos. Ningún paso tan conocido y evitado, incluso por ilustres cofrades. Y ninguno más apreciado por los niños. La Sevilla infantil es de la Canina. Los niños son los primeros canineros. Nada temen cuando se acerca el paso que genera siempre una atracción especial. Y siempre hay un padre para explicar el significado de la alegoría.
Ahora tendremos más horas de Canina por la calle. Y eso es motivo de satisfacción. Habrá más oportunidades para acercarse a verla, esperarla y contemplar cómo se aleja. Fría, sedente, raquítica. Supera malos tratos, mudanzas, desprecios. Ha pasado con éxito por el taller de Astorga. Está guardada durante el año. Los canineros no podemos visitarla, luego ser caninero es una senda de sufrimiento, paciencia y perseverancia. Nada forja más la personalidad que esperar aquello que no se ve, pero se sabe que llega. La esperaremos con gozo en el Postigo cuando ya no arrastra el cortejo de los chaqués de las vanidades y las medallas de medio pelo. Aunque ella siempre se alza entre todos y ante todo. Hay quienes se dan la vuelta cuando pasa por delante, quienes cruzan los dedos, quienes bajan la mirada, quienes no quieren ni pensar en que el paso arríe justo delante. La Canina trae consigo el eterno noviembre de Mañara, es un destello de otoño en la primavera que se perfeccionará como un lienzo de Valdés Leal con costaleros en el Arenal que tanto conoció don Miguel camino de atender en la Caridad a nuestros amos y señores, los pobres.
La Canina es una lección de vida en la Semana Santa que los niños siempre atienden y muchos mayores evitan. Ella está aunque no merezca la mirada. La vida es una semana, sí. Que termina con la Canina en el Postigo y se duerme de pura melancolía en San Lorenzo con la Virgen sola. Hemos visto casi de todo en la Semana Santa, fiesta mayor que supone la película de la vida de tantos sevillanos. Incluso hemos sufrido dos años sin cofradías. Pero nunca imaginamos a la Canina en el marco incomparable (¡marchando un topicazo!) del Arco del Postigo. Fue conocer la noticia y acordarnos de tantísimos sevillanos que la hubieran comentado con verdadero aguijón. La Canina es el principio de la polarización en clave local. Se es o no se es caninero. No hay medias tintas.
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