Hizo falta el drama de Maricarmen para que la centralidad saltara por los aires
Uno de los libros de mi verano: Koljós. A Emmanuel Carrère siempre hay que acudir. Hay una frase del libro que el mismo Carrère destacó en una reciente visita a Barcelona, en el CCCB. El francés afirma que la mejor definición de la diferencia entre la derecha y la izquierda es de Françoise Sagan. La escritora afirmó que “la derecha dice: hay injusticia y es inevitable; la izquierda dice: hay injusticia y es insoportable”. Qué manera más plástica de describirnos políticamente. Porque inevitable quiere decir que algo no está bien, pero que hay que resignarse porque las cosas son así y así hay que aceptarlas. Insoportable implica que algo debe ser corregido, transformado o reformado para que esa injusticia desaparezca y para articular un sistema social y económico distinto.

Pero durante demasiado tiempo, en aras de una centralidad que ha sido paralizadora, inevitable e insoportable han sido prácticamente sinónimos. Porque, si bien la derecha suele entonar el “es inevitable”, como volvió a demostrar el rechazo de Junts, PP y Vox a los decretos de vivienda, desde la izquierda también se pecó de cautela a la hora de adoptar medidas más valientes. La ley de Vivienda fue un gran avance. Pero hizo falta el drama de Maricarmen para que la centralidad saltara por los aires y se abordara de raíz la emergencia habitacional.
Hizo falta el drama de Maricarmen para que la centralidad saltara por los airesVeíamos cómo vecinos y vecinas eran expulsados de sus casas por parte de grandes tenedores o fondos de inversión. Conocíamos sus consecuencias. Y, aun así, como sociedad, tardamos demasiado en reaccionar. Más de una cuarta parte de las personas inquilinas dedica más del 40% de sus ingresos al alquiler, y un 30% está en riesgo de pobreza. Y aún hay quien se escandaliza porque se topen los precios del alquiler, porque se persiga el fraude de los alquileres de temporada, porque se frene la especulación. Porque lo llamaban centralidad cuando querían decir inacción.
Esa aceptación de los daños de un mercado en fallo sistémico permitió que echaran a Maricarmen de su casa. Una parte creciente de la sociedad ha dicho basta. Jóvenes, mayores, padres y madres que ven a sus hijos sin futuro. Porque ahora el dolor es insoportable. Para algunos seguirán siendo dramas inevitables. Pero para una gran mayoría hay injusticias que resultan intolerables. Y la resignación ha dejado de ser una opción.
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