Tras nueve meses en Cáritas, Ana del Pino Artiles sigue sin tener una vivienda a sus casi 60 años. Se quedó sin casa a mitad de la pandemia, cuando la persona con quien compartía una habitación la echó, pese a haber pagado el mes. Ese cuarto era todo lo que podía permitirse. Después de eso vino estar en la calle: "Pienso en ello y veo muchas situaciones muy malas", dice con la respiración entrecortada.
Tras nueve meses en Cáritas, Ana del Pino Artiles sigue sin tener una vivienda a sus casi 60 años. Se quedó sin casa a mitad de la pandemia, cuando la persona con quien compartía una habitación la echó, pese a haber pagado el mes. Ese cuarto era todo lo que podía permitirse. Después de eso vino estar en la calle: "Pienso en ello y veo muchas situaciones muy malas", dice con la respiración entrecortada.
Pese a no contar con una casa, Ana tiene un hogar. "Un hogar es mucho más que un sitio donde vivir, es un lugar al que pertenecer", lee el nuevo manifiesto de la ONG de la Iglesia Católica sobre las personas sin domicilio. Pero Ana no se conforma y busca tener un piso, alquilado entre varios amigos. "No vas a estar toda la vida en Cáritas, ¿no?", explica.
El caso de Ana no es único. El año pasado, Cáritas atendió en Las Palmas a 1604 personas sin hogar, y a 356 familias en riesgo de perder su vivienda. En lo que llevamos de año, este número ya va por 1038 personas y 256 familias.

Manifestantes en la concentración de Cáritas este martes en Santa Catalina. / Iván Morales Trujillo
Este martes, decenas de pancartas eran levantadas al ritmo de reivindicaciones. Los brazos de manifestantes, varios enmascarados, se agitaban en el aire. La gente en las paradas de guagua se giraba y miraba, al escuchar unos pitidos e himnos que inundaban Santa Catalina. Se trataba de una concentración llevada a cabo por Cáritas, con motivo de la campaña Nadie Sin Hogar 2026.
Cánticos como "ponte en mi lugar, no soy un número más" o "un techo no es un lujo, es un derecho" resonaron en la plaza grancanaria, intentando servir como un llamamiento a la gente para que se uniera a las quejas.
Una preocupación crecientePese a que la gran mayoría de estas personas sin hogar son hombres, las mujeres han tenido un aumento en los últimos años. Actualmente, representan cerca del 19%. Otra de las mayores preocupaciones de los expertos es la cronificación de esta situación. El 29% de los afectados llevan más de cinco años en la calle.
María Eugenia Rocha, responsable del área de Vivienda de Cáritas en Canarias, explica que gran parte de esto se debe a una normalización de los problemas de vivienda y de infravivienda dentro de la sociedad. "Se dan más espacios como hogares que no son hogares. Son un techo dónde cobijarse", dice, "caravanas, chozas, cuevas, o hasta lugares de trabajo están siendo alquilados".
Rocha explica que, aunque un 23% de las personas que atienden tienen trabajo, lo que obtienen por ellos no es suficiente para conseguir una vivienda digna. "Los alquileres son abusivos" comenta.
Le puede pasar a cualquieraGeneralmente se piensa que es una situación rara, que solo le pasa a personas ya vulnerables. Eso es lo que creía Rudy Arróliga, hasta que él mismo se vio en la calle. Llegado en 2024 a España desde Nicaragua, decidió trasladarse a Canarias en febrero de 2025. En pocos meses gastó su dinero. Sin empleo, acabó por pasar dos meses y medio sin vivienda.
"Es algo que nadie se espera", explica: "Yo creía que tendría una oferta de empleo, y casi surgió con un amigo, pero este se puso enfermo". Ahora, con la ayuda de Cáritas, Rudy vive en una casa de acogida, y trabaja como repartidor y ayudante voluntario en la cocina de Cáritas. Tiene 33 años.
Aún con toda su situación, Rudy se siente esperanzado sobre su futuro: "A pesar de las dificultades, para mí todo ha sido como un nuevo comienzo". Según el manifiesto de Cáritas sobre las personas sin hogar, cuando se les pregunta qué cambiaría con un hogar digno, las respuestas con contundentes: "Todo".

Ana del Pino hablando sobre su situación con la vivienda. / Quique Curbelo / Efe
Un compromiso colectivoDesde Cáritas, recuerdan que esta situación afecta no solo a aquellos que viven en la calle. "Es la ruptura del vínculo más esencial del ser humano: el hogar". No brindar a estas personas un hogar las despoja de seguridad, estabilidad y libertad. Les impide sentirse a salvo, descansar y construir una vida.
Sin embargo, la solución no se encuentra solo en las vidas de estas personas. "La exclusión social no es una elección individual, sino el resultado de factores sociales, económicos y políticos" desarrollan en su manifiesto.
Para la organización, la falta de acceso a un hogar conlleva a su vez la normalización de viviendas en condiciones por debajo de los criterios de habitabilidad. Es por eso mismo que defienden que "la exclusión de quienes viven en la calle nos empobrece como sociedad".
Según la ONG, una comunidad cohesionada se construye cuando cuida a sus miembros más vulnerables, garantizando viviendas estables, seguras y adecuadas: "Es un compromiso colectivo".
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