Si el tiempo no lo impide, como ocurrió el año pasado, el Nou d’Octubre de este viernes apunta a uno de los escenarios políticos más interesantes que se recuerdan. El Palau concentrará en el acto institucional del Dia de la Comunitat Valenciana una mezcla de física cuántica y misticismo difícil de superar. Ya había ingredientes suficientes para que la celebración pasara a los anales de nuestro autogobierno, pero el ambiente de adelanto electoral en Madrid convierte una cita imprescindible en trascendental.
Si el tiempo no lo impide, como ocurrió el año pasado, el Nou d’Octubre de este viernes apunta a uno de los escenarios políticos más interesantes que se recuerdan. El Palau concentrará en el acto institucional del Dia de la Comunitat Valenciana una mezcla de física cuántica y misticismo difícil de superar. Ya había ingredientes suficientes para que la celebración pasara a los anales de nuestro autogobierno, pero el ambiente de adelanto electoral en Madrid convierte una cita imprescindible en trascendental.
Aunque no se espera a Pedro Sánchez, la primera incógnita es si acudirá Alberto Núñez Feijóo. Ha recibido una invitación directa del president que solo se hará pública si el líder del PP acepta. Su presencia se interpretaría como el respaldo de Génova que Juanfran Pérez Llorca necesita para afianzar su candidatura a la reelección. Su ausencia llevaría las intrigas y conspiraciones de los populares a su máxima ebullición.
La solemnidad y el protocolo harán de la instantánea del Saló de Corts una imagen única, con todas las familias en disputa del PPCV concentradas en pocos metros cuadrados, entre saludos forzados en público y graves ofensas en privado. Hará falta un medidor para precisar la agitación subatómica del ambiente y calcular cuántos electrones y fotones puede soportar el Palau. Al mismo tiempo, la conciencia, la experiencia y la memoria de los representantes de la sociedad civil permitirán medir la conexión entre el poder y la realidad. Yo, de Feijóo, no me lo perdería. Además de una experiencia única, obtendría información de primera mano sobre el estado del PP en este antiguo reino.
La prudencia natural de Feijóo impide averiguar si es partidario de inspirarse en la física cuántica para comprender, en pocos minutos, la complejidad del PP valenciano. Quizá le sirviera para evitar que los dogmas de su partido se confundan con la corriente mayoritaria de esta sociedad mediterránea, poco dada a someterse a la severa disciplina atlántica.
La hora de la verdadLa líder del PSPV llega como ministra al Nou d’Octubre y con el revitalizado espíritu estratégico de Sánchez, su principal mentor. Además, exhibe una sorprendente unidad de su partido, casi inverosímil a la vista de sus precedentes y en abierto contraste con el juego de tronos del PP de Llorca. Así que Diana Morant, quién lo iba a decir, será la reina de los corrillos.
Supongo que la semana de Sánchez será intensa, pero los socialistas valencianos deberían convencer a su líder para pasear por el Palau. Si Feijóo confirma su presencia y Sánchez mantiene su ausencia, el presidente del Gobierno habrá dejado pasar otra oportunidad para demostrar la importancia de esta tierra en su estrategia electoral. De poco sirve insistir en que València y Alicante son dos provincias clave para mantener su proyecto si después no se muestra la proximidad. Aunque igual quién se deja ver es Óscar Puente, el futuro cabeza de lista del PSOE por Alicante en las generales. O incluso el otro Óscar, López, al que el núcleo valenciano en Madrid empieza a cortejar.
La medalla de bronceCompromís siempre es el más activo en estas fechas. El Nou y el Darrer Diumenge concentran todas las esencias del valencianismo de izquierdas. Veremos cómo Joan Baldoví y los de Més salen del laberinto del frente amplio al que quiere sumarse Mónica Oltra. Pese a la exhibición de banderas y demás merchandising de la coalición, el logo de la sonrisa esconde un disgusto latente entre quienes se consideran los más auténticos herederos del espíritu de Jaume I. Cuya mítica espada saldrá este año en procesión junto a la Senyera, que portará el concejal de Vox José Gosálbez. Una ocasión para comprobar si se mantienen los insultos a los representantes institucionales o disminuyen esta vez.
Será un Nou d’Octubre en el que, como marca la tradición, todos los comentarios desde bien temprano girarán alrededor de la encuesta que publica Prensa Ibérica en la Comunitat Valenciana. Y que dará mucho que hablar.
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