El sacerdote de Aliste Teo Nieto ha centrado su homilía de este Domingo XXVI del Tiempo Ordinario, ciclo A, celebrado el 27 de septiembre de 2026, en una llamada a que la fe no se quede únicamente en las palabras, sino que se traduzca en hechos concretos. La reflexión coincide además con la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, celebrada bajo el lema "Incluso uno solo de estos pequeños".
El sacerdote de Aliste Teo Nieto ha centrado su homilía de este Domingo XXVI del Tiempo Ordinario, ciclo A, celebrado el 27 de septiembre de 2026, en una llamada a que la fe no se quede únicamente en las palabras, sino que se traduzca en hechos concretos. La reflexión coincide además con la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, celebrada bajo el lema "Incluso uno solo de estos pequeños".
Nieto parte del Evangelio de Mateo y de la parábola de los dos hijos, en la que Jesús contrapone dos formas muy distintas de actuar. Uno acepta de palabra la petición de su padre, pero finalmente no acude a trabajar a la viña. El otro se niega inicialmente, recapacita después y termina cumpliendo lo que se le había pedido. Una escena que sirve para plantear la distancia que, en ocasiones, puede existir entre lo que se dice y lo que realmente se hace.
La homilía utiliza ese relato para trasladarlo directamente al presente: "La verdadera confesión de fe es la que brota de las manos, no de los labios", señala el sacerdote, que insiste en que no basta con afirmar que se cumple la voluntad de Dios "es necesario demostrarlo mediante las obras y convertir la propia vida en testimonio".
El Evangelio enfrenta, además, a quienes eran considerados conocedores de las Escrituras —los sumos sacerdotes y los ancianos— con personas situadas entonces en los márgenes de la sociedad, como publicanos y prostitutas. La cuestión no reside, según desarrolla Nieto, en cuánto se sabe de religión ni en el cumplimiento externo de los ritos, sino en la capacidad para recapacitar, cambiar y avanzar por un camino de justicia.
De ahí nace una de las preguntas centrales de la reflexión: qué caminos de justicia y misericordia deben recorrer y reclamar los cristianos ante el fenómeno migratorio. El sacerdote recupera para ello una enseñanza que atraviesa los textos bíblicos: "Misericordia y no sacrificios", una forma de entender la religión que exige mirar también hacia quienes viven situaciones de vulnerabilidad.
La homilía adquiere así un contenido especialmente concreto al hablar de migrantes y refugiados. El planteamiento va más allá de una declaración de principios y sitúa la acogida como una consecuencia directa de la fe. Arrodillarse ante el Santísimo y, después, "abrazar al pequeño, al refugiado y al migrante" son presentados como gestos que no pueden desligarse el uno del otro.
Nieto introduce también una advertencia frente al clima de ira o violencia que puede instalarse en la sociedad. Frente a ello, propone mantener "los oídos del corazón" atentos, no dejarse arrastrar por ese ambiente y conservar las manos dispuestas a caminar por la vía de la justicia.
La parábola de los dos hijos termina funcionando de este modo como un espejo. La cuestión ya no es solo cuál de los dos actuó correctamente, sino en cuál de ellos puede reconocerse cada persona: en quien promete y no cumple o en quien es capaz de reconocer su error, rectificar y actuar.
"Obras son amores y no buenas razones", resume la homilía, que convierte el conocido refrán en el hilo conductor de una jornada dedicada a quienes se ven obligados a dejar atrás su casa, su país o su familia.