1976 fue una fecha importante en las vidas de Tomás Cabezas y Manuel Guerrero. Para el primero, es el año en que se casó con su mujer, Flor Martín, en Santa Coloma de Gramenet, donde siguen residiendo. El segundo recuerda que 1976, hace justo 50 años, fue el año en que se celebró la primera Diada de Catalunya. "Y ocurrió aquí. Esta es la plaza que acogió aquella primera Diada", dice Manuel desde la plaza de Catalunya de Sant Boi de Llobregat. Lo cuenta emocionado; las lágrimas brotan y el relato se entrecorta. "Veníamos de tiempos muy difíciles", explica poco a poco.Seguir leyendo....
1976 fue una fecha importante en las vidas de Tomás Cabezas y Manuel Guerrero. Para el primero, es el año en que se casó con su mujer, Flor Martín, en Santa Coloma de Gramenet, donde siguen residiendo. El segundo recuerda que 1976, hace justo 50 años, fue el año en que se celebró la primera Diada de Catalunya. "Y ocurrió aquí. Esta es la plaza que acogió aquella primera Diada", dice Manuel desde la plaza de Catalunya de Sant Boi de Llobregat. Lo cuenta emocionado; las lágrimas brotan y el relato se entrecorta. "Veníamos de tiempos muy difíciles", explica poco a poco.
Desde ambos extremos de la Barcelona metropolitana, a Tomás y a Manuel, a quienes separan poco menos de 30 kilómetros, les une un mismo origen: Extremadura, la comunidad en la que la Generalitat de Catalunya ha decidido celebrar este año su día nacional. Será en Mérida los días 16 y 17 de septiembre.
Tomás y Manuel llegaron de jóvenes a Catalunya, procedentes de la Meseta, en busca de una vida mejor. Fue en esta tierra donde formaron sus familias: ambos tienen hijos y nietos catalanes de nacimiento. Sus historias familiares, en las que las identidades extremeña y catalana se entrelazan, son, a la vez, la historia de toda una generación de inmigrantes. Son la historia de Catalunya.
"Estamos orgullosos de nuestra familia y Catalunya ha sido nuestro puente"Tomás Cabezas
— Extremeño que vive en Santa Coloma desde 1973
"Yo nací en Retamal de Llerena, en Badajoz, el 30 de diciembre de 1946", cuenta Tomás Cabezas, que además es el presidente de la Casa Regional Extremeña Santa Coloma Gramenet. Lleva en el cargo desde 1995. "Quiero dejar la presidencia, pero a ver quién quiere cogerla...". Las nuevas generaciones parecen desentenderse. Tomás tiene dos hijos: uno de 48 años y otro de 46. Y, en total, cuatro nietos de entre 11 años y 19 meses. "Ellos, hijos y nietos, son nuestro orgullo", comenta, junto a Tomás, su mujer, Flor.

Trajes regionales extremeños en la casa de los Cabezas Martín. / MANU MITRU
"Yo nací en Salamanca, pero me siento extremeña. Seguimos pasando en Retamal de Llerena todas las vacaciones de verano, tenemos allí una casa", explica desde el salón de su piso mientras cuida de la nieta más pequeña. "Sí, estamos orgullosos de nuestras familias, la nuestra y las de nuestras nueras, y Catalunya nos ha unido. Ha sido nuestro puente", aseguran Tomás y Flor. Porque sus nueras, aunque nacieron en Catalunya, proceden de familias murcianas y gallegas.
Según el Instituto de Estadística de Extremadura, hay 489.340 extremeños que residen fuera de Extremadura y el 20% vive en Catalunya, lo que equivale a casi 98.000 personas. Catalunya es, después de Madrid, la comunidad que concentra más población nacida en Extremadura.

Tomás y Flor con una foto de su boda. / MANU MITRU
"A Catalunya a trabajar"Tomás y Flor se conocieron hace más de 50 años en la discoteca Olimpo de Santa Coloma de Gramenet, en el parque homónimo. Ahora hay allí una compañía de administración de propiedades. Ni resto de la discoteca. Ambos tenían familiares en Santa Coloma y por eso emigraron. Se casaron el 11 de junio de 1976 y hace tres meses celebraron sus bodas de oro. Tomás muestra una foto de la efeméride, tomada en el salón de su casa hace solo tres meses.
"Yo vine aquí para trabajar, al acabar la mili, en 1973. Terminé Magisterio y tenía aquí un hermano que conocía a un director y dueño de un colegio que me daba trabajo. Así que me vine". Tenía 27 años.
"Mis hijos se sienten fundamentalmente catalanes, pero también un poco extremeños. Seguimos teniendo casa en Retamal de Llerena, pero los hijos han dejado de ir"Tomás Cabezas
¿Su primer recuerdo de Catalunya? "Mi llegada a la estación de França de Barcelona con mi hermano y el director del colegio esperándome. Me vine directamente a Santa Coloma", cuenta Tomás. Trabajó durante 43 años como profesor de Matemáticas en la escuela Lleó XIII de Barcelona. Allí estudiaron también sus hijos, que llegaron al mundo poco después de la boda: en 1978 y 1980 respectivamente.
El pequeño, Jorge, hace un tiempo que no va a Extremadura. "Yo me siento muy cercano a esa tierra. Casualidades de la vida: el padre de mi mujer también es extremeño", cuenta el menor de los hijos de Tomás y Flor. "Vivo y hago gran parte de mi vida en Barcelona y me siento catalán. Pero al ser mi padre presidente de la casa extremeña, mi infancia ha estado siempre muy ligada a Extremadura", prosigue Jorge.
Las segundas generaciones admiten que sus hijos ya no mantendrán algunas de las tradiciones extremeñas
Hasta que los hijos cumplieron 18 años, los cuatro miembros de la familia Cabezas Martín viajaban a Extremadura en Semana Santa, verano y a veces hasta en Navidad. "Yo sigo yendo con mi mujer cada verano, pero los hijos... Uno se va a Galicia y otro a Murcia, donde tienen casa sus mujeres", apostilla Tomás.

Tomás y Flor cuidan de su nieta pequeña. / MANU MITRU
Jorge recuerda una infancia plagada de costumbres y tradiciones extremeñas. "Mi hija ya no las tendrá", reconoce. "Pero sí quiero que mantenga la cercanía hacia Extremadura", añade.
Durante muchos años, los Cabezas Martín formaron un grupo muy activo dentro de la Casa Regional Extremeña Santa Coloma Gramenet: Jorge y su hermano participaban en el grupo de teatro, de baile y en el equipo de fútbol. "Pon que son educados, inteligentes y buenísimos. Y que tienen muy buen trabajo", señala Flor a los periodistas.
Buena convivencia"A mí, ¿qué quieres que te diga? Me gusta más aquello", reconoce Tomás, en alusión a Extremadura. "Pero aquí tengo a mis nietos", apostilla con una sonrisa. El otro día, al mayor, que tiene 11 años, los abuelos le dieron jamón. "Y me dijo: 'Es de Extremadura porque sabe mejor'. Sabe lo que es bueno", ríe Tomás.
Tanto sus hijos como sus nietos hablan perfectamente catalán. A él le cuesta un poco más, admite. "Los nietos me llaman 'yayo'".
"A mí, ¿qué quieres que te diga? Me gusta más aquello. Pero aquí tengo a mis nietos"Tomás Cabezas
Cree Tomás que Extremadura ha aportado mucho a Catalunya pero, a la vez, que Catalunya ha sido tierra de acogida. Y la convivencia, siempre "muy buena".
En aquellas décadas, además, asociaciones como la que él preside actuaron como grupos de acogida para toda la inmigración. A Tomás lo conoce mucha gente en Santa Coloma: basta con darse un paseo con él por el municipio. Hasta la alcaldesa, Mireia González, se acerca a darle dos besos cuando lo ve tomando café en la plaza de la Vila. Y, de camino a su casa, va saludando a "extremeños" por la calle. "Mira, ahí tienes otro", señala. En su hogar guardan trajes regionales de Extremadura y cerámica típica de la comunidad.

Tomás Cabezas, por las calles de Santa Coloma. / MANU MITRU
"Una vida mejor"En el otro extremo de la Gran Barcelona, en Sant Boi de Llobregat, Manuel Guerrero, pacense de 77 años, explica que llegó a Catalunya con 14 años. Vino en autobús. Es el presidente de la Federación de Asociaciones Extremeñas de Catalunya (FAEC). Hace 30 años que la FAEC celebra el Día de Extremadura —8 de septiembre— en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. "Me vine porque mis padres buscaban una vida mejor", explica desde la plaza Catalunya, ese lugar en la que se celebró aquella primera Diada de Catalunya en 1976 y cuyo recuerdo tanto humedece los ojos de Manuel.
"Uno lleva una mochila a cuestas que son su cultura y su identidad. Eso es muy difícil de olvidar. Yo me siento extremeño y catalán"Manuel Guerrero
— Extremeño que vive en Sant Boi desde 1963

La plaza de Catalunya de Sant Boi el 11 de septiembre de 1976, durante la primera Diada que se celebró. / CEDIDA
En Sant Boi, cuenta, hay muchos extremeños de Azuaga —en Badajoz—, el pueblo en donde él nació. "Llegué a Sant Boi y aquí me encontré a amigos y familiares. No hay un solo bloque de pisos donde no haya alguien de Azuaga", afirma señalando las viviendas de alrededor. Su mujer, Encarna, es andaluza, de Morón de la Frontera. "Uno lleva una mochila a cuestas que son su cultura y su identidad. Eso es muy difícil de olvidar. Yo me siento extremeño y catalán", reivindica Manuel. Trabajó toda su vida en fábricas y después en Siemens. Estuvo vinculado al sindicato CCOO.
Sus hijos, de 47 y 34 años respectivamente, y sus dos nietos nacieron en Catalunya. Pero todos tienen presentes sus orígenes: "En Navidades, después de 'fer cagar el Tió', cantamos villancicos extremeños, concretamente, de Azuaga", dice Manuel. Siguen yendo cada verano a Azuaga, donde tienen una casa. "Mis hijos no han perdido la relación con Extremadura. Pero se sienten catalanes, aunque mantienen recuerdos de su niñez. Y los nietos, se sienten más todavía. Es bueno", opina.
"En Navidades, después de 'fer cagar el Tió', cantamos villancicos extremeños, concretamente, de Azuaga"Manuel Guerrero
Según él, Catalunya fue una "tierra de acogida" con la inmigración. "Cuando llegamos nosotros nos pasó lo mismo que ahora a los marroquíes. Había varias familias viviendo en pisos de 40 metros. Vivíamos hacinados", rememora este vecino de Sant Boi, quien precisa, eso sí, que quienes los recibieron a ellos en su momento fueron otros familiares, vecinos y amigos que previamente habían emigrado. Había mucha gente esperándolos con los brazos abiertos, por dolorosa que fuera la partida.
Porque hubo dolor. De no haber sido así, no tendría Manuel tan grabado a fuego el recuerdo de su madre llorando y llorando, porque echaba de menos el pueblo, Azuaga. Allí había dejado a su madre, la abuela de Manuel. "Mi padre quería volver. Mi madre le decía que allí no había futuro", relata Manuel.
Un futuro que sí han tenido sus hijos, que estudiaron y se formaron en Catalunya. En esas Navidades extremeñas que año tras año celebran, sus nietos sacan los tambores, las zambombas y las panderetas. Y, a menudo, toda la familia cocina grandes manjares extremeños: migas, gazpacho, caldereta. "Lo que se deben Catalunya y Extremadura es muy recíproco. Nosotros vinimos a producir, a por trabajo y a generar riqueza. Pero es que allí no teníamos porvenir", concluye Manuel.
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