El crecimiento de ACIN Recycling Metals todavía tiene buena parte del recorrido por delante. La empresa gerundense dedicada a transformar residuos metálicos en materias primas ha alcanzado los 240 millones de euros de facturación y está ejecutando una inversión de unos 120 millones que tiene que permitirle dar un nuevo salto de dimensión. Joan Campmajó, cofundador de la compañía junto con su hermano Gerard, calcula que, cuando las nuevas instalaciones estén plenamente operativas, el negocio se podría situar entre los 500 y los 600 millones de euros anuales y llegar a los 300 o 400 trabajadores. El horizonte que se marca para lograr estas magnitudes es el 2028 o el 2029.
El crecimiento de ACIN Recycling Metals todavía tiene buena parte del recorrido por delante. La empresa gerundense dedicada a transformar residuos metálicos en materias primas ha alcanzado los 240 millones de euros de facturación y está ejecutando una inversión de unos 120 millones que tiene que permitirle dar un nuevo salto de dimensión. Joan Campmajó, cofundador de la compañía junto con su hermano Gerard, calcula que, cuando las nuevas instalaciones estén plenamente operativas, el negocio se podría situar entre los 500 y los 600 millones de euros anuales y llegar a los 300 o 400 trabajadores. El horizonte que se marca para lograr estas magnitudes es el 2028 o el 2029.
El cambio será considerable respecto a la situación actual. Campmajó sitúa la plantilla de ACIN alrededor del centenar de personas, mientras que el conjunto del grupo Mujer Trabajo asciende a unas 200. La previsión que hace para este año es llegar a unos 300 millones de euros de facturación, a pesar de que el grueso de las nuevas inversiones todavía no está produciendo. El cofundador calcula que solo están operativos entre el 10% y el 15% de los 120 millones invertidos en esta última fase.
Detrás de estas cifras hay un negocio que va mucho más allá de la recuperación tradicional de metales. ACIN ocupa precisamente el espacio que hay entre los recuperadores de metales y las fundiciones. Compra los residuos ya recogidos por los gestores y recuperadores, los procesa industrialmente, separa los diferentes materiales y los convierte de nuevo en materias primas que pueden volver a utilizar los fabricantes. El aluminio y el cobre concentran buena parte de la actividad.
La misma compañía se define como un grupo industrial especializado en transformar residuos metálicos en materias primas secundarias, una evolución que sintetiza el cambio que los hermanos Campmajó han intentado introducir en el negocio desde los inicios.
De vender a transformarLa historia de ACIN empezó con un modelo muy diferente del actual. Los dos hermanos provenían de una familia que ya tenía un pequeño vínculo con la actividad, porque su abuelo materno había trabajado como recuperador a pequeña escala. Cuando impulsaron el proyecto, identificaron una oportunidad en un sector que consideraban poco estructurado empresarialmente. «Nosotros intentamos que esto no fuera una empresa unipersonal, sino que pasara a ser una industria», explica Joan Campmajó. La idea era profesionalizar una actividad tradicionalmente muy fragmentada y centrarla cada vez más en un proceso concreto, transformar el residuo en materia prima.
Durante los primeros años, ACIN se dedicó principalmente a la compraventa de metales. Compraba material, lo cargaba en contenedores y lo enviaba fuera de la Unión Europea para que fuera desmantelado y separado. Era, explica el cofundador, la manera habitual de trabajar entonces. El giro del negocio llegó cuando los hermanos interpretaron que la regulación europea avanzaría hacia un escenario en que sería cada vez más difícil enviar residuos a terceros países sin tratarlos previamente.
La respuesta fue invertir en tecnología para hacer este trabajo aquí. «Todas las inversiones que hemos ido haciendo están focalizadas en la transformación del residuo en materia prima», resume el responsable. En lugar de exportar el residuo para que el proceso de separación se hiciera en Asia, ACIN empezó a industrializarlo en las propias comarcas gerundenses. Una vez separados los materiales y convertidos de nuevo en materia prima, pueden volver a entrar al mercado industrial.
Aquella evolución también obligó a la empresa a ganar espacio. Después de instalarse en Riudarenes, donde combinaba la compra al por menor con la actividad industrial, ACIN acabó trasladando el grueso del proceso productivo a Arbúcies. La planta de Riudarenes ha mantenido principalmente las actividades de compraventa y compra al por menor, mientras que en Arbúcies se ha ido concentrando la transformación industrial.
Campmajó utiliza una lavadora para explicar de manera sencilla qué pasa dentro de estas plantas. Cuando el electrodoméstico llega al final de su vida útil, contiene diferentes materiales mezclados: plástico, hierro, acero inoxidable, aluminio, cobre o latón. Juntos forman parte de un residuo; separados, algunos pueden volver a convertirse en materias primas para la industria.
Tecnología para separar materialesEste es el trabajo de ACIN. El material se fragmenta y posteriormente pasa por diferentes sistemas de separación en función del tamaño, la densidad o sus propiedades. La compañía también utiliza imanes, sistemas ópticos y tecnología de espectrometría LIBS, que permite, entre otras funciones, clasificar el aluminio según las diferentes aleaciones. El resultado es que el hierro, el cobre, el aluminio o el latón que formaban parte de un mismo producto pueden volver a circular de manera separada y llegar a fabricantes que los utilizarán en nuevos procesos productivos. Campmajó sitúa el volumen anual procesado en unas 240.000 toneladas y añade que el material que entra a las plantas procede principalmente de diferentes puntos de Europa. Por el lado de las ventas, señala a China como el principal mercado exterior para las materias primas obtenidas.
Esta especialización es también el centro de la inversión que está desplegando ahora la compañía. Los 120 millones de euros se han destinado sobre todo a maquinaria y nuevas líneas de tratamiento. Entre las actuaciones hay equipos para separar el aluminio según las aleaciones, una planta para tratar componentes electrónicos y motores eléctricos y una línea destinada a procesar latas y retirar el recubrimiento.
Mentalidad financieraLa tecnología, sin embargo, solo explica una parte del crecimiento de la firma. El otro elemento clave es el modelo financiero con que los hermanos han abordado las inversiones. «Nosotros venimos del mundo financiero, no somos un recuperador de toda la vida», afirma Campmajó.
La idea que trasladaron al reciclaje era hacer crecer una actividad tradicional con una estructura más propia de una gran empresa industrial. El responsable lo define como una «mentalidad bastante americana» basada en asumir endeudamiento para poder sostener un volumen elevado de inversión. Y repasa una trayectoria en que los proyectos empezaron con importes de 500.000 euros, pasaron después por los 2 millones, los 10 millones y los 25 millones hasta llegar a la actual operación de 120 millones.
Este crecimiento se ha financiado sin dar entrada a un fondo en el capital de la empresa. Campmajó explica que los recursos externos se han articulado a través de deuda y no de capital, una fórmula con la cual los dos hermanos han podido conservar la propiedad. Él mismo sitúa esta cuestión entre los principales retos para los próximos años.
«El reto es no vender», afirma. Para los hermanos, mantener ACIN como una empresa familiar es una línea roja a pesar del aumento de dimensión. El cofundador admite que el crecimiento también incrementa la presión para continuar invirtiendo y gestionar proyectos cada vez más complejos, pero defiende que la voluntad es continuar desarrollando la compañía sin perder el control.
Energía y regulaciónEl gasto energético aparece como otro de los grandes condicionantes del negocio. Una planta industrial con maquinaria de esta dimensión necesita muchas horas de funcionamiento para rentabilizar las inversiones. «Con una inversión de 120 millones de euros, la única manera que tienes para poder tener un retorno es trabajar muchas horas», señala.
ACIN proyecta una instalación de biomasa con la cual quiere generar una parte mayoritaria de la electricidad que necesita la planta y prevé completarla con placas solares cuando acaben las obras. Campmajó detalla que el proyecto quiere utilizar biomasa procedente del Montseny y sitúa la reducción de la dependencia energética externa como una de las prioridades de la nueva fase.
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El otro frente es administrativo. Así, subraya que los plazos de tramitación continúan siendo una dificultad para proyectos industriales de esta magnitud. Por ello reclama fórmulas que, a cambio de garantías económicas suficientes, permitan a determinadas industrias reducir los tiempos necesarios antes de poner en marcha una inversión.
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